sábado, 6 de abril de 2013

PASEO POR LA ALPUJARRA ALMERIENSE

http://youtu.be/ck6H0CFBgSA

Hay viajes de los que uno sale fortalecido y otros en los que la presión que  rodea tu vida es tal, que la vivencia de las experiencias que el viaje te aporta se resiente de tu vulnerabilidad y, en algún momento, eres consciente de que tu propia carga de negativismo no te reporta toda la recompensa que el esfuerzo del viaje supone.

La actitud positiva con que emprendo cada cada viaje lleva en sí un alto porcentaje del éxito del mismo. Pero en este caso, he vuelto a estas tierras de Almería esperando poner fin a una situación de extorsión moral y económica. Creí que el viaje, mis planeadas rutas por pueblos y caminos, podrían ser vividos con el mismo ánimo que si esa sombra no existiese. Hay momentos en que la capacidad de disfrute no es la misma porque se ha roto tu armonía con el mundo.

En los momentos de desasosiego por estos caminos de la Alpujarra Almeriense he tenido presente el poema que el azar hizo que, una semana antes de viajar, apareciera en mi material de trabajo. Francisco Villaespesa, poeta nacido en Laujar de Andarax, pueblo en el que nos hospedamos decía:

HUMILDAD
Ten un poco de amor para las cosas:
para el musgo que calma tu fatiga,
para la fuente que tu sed mitiga,
para las piedras y para las rosas.

En todo encontrarás una calleja
virginal y un placer desconocido...
Ritma tu corazón con el latido
del corazón de la naturaleza.

Recibe como un santo sacramento
el perfume y la luz que te da el viento.
¡Quién sabe si su amor en él te envía
aquella que la vida ha transformado!

¡Y sé humilde y recuerda que algún día
te ha de cubrir la tierra que has pisado!

En muchas ocasiones la recompensa del viaje se valora en el regreso y, de entre las imágenes recogidas en la memoria y la cámara por los variados paisajes de  esta provincia, en días en que la luz del sol se mostraba vacilante, como mi ánimo, he realizado esta breve impresión de unas tierras que hubieran merecido otro momento de mi vida. Tras esta sincera introducción prometo que solo daré cuenta de  momentos en los que la belleza, sencilla, sorprendente a veces, me ha reportado el consuelo que ahora aprecio. Y si el montaje es breve, procuraré serlo en la descripción de nuestro recorrido.

Vega del Andaratx desde el mirador de Laujar
Nos hemos adentrado en la Alpujarra viniendo de la capital de Almería. Entramos en el valle del río Andarax, entre la sierra de Gádor y Sierra Nevada. Aparecen algunos invernaderos. No los volveremos a encontrar en este valle porque, como en Laujar nos dicen, el pueblo se opuso para conservar la belleza de una zona protegida y porque " a fin de cuentas de los invernaderos solo se benefician unos pocos".

Bayárcal
Desde Laujar, donde pasamos día y medio hemos recorrido la Alpujarra Alta dirigiéndonos al puerto de La Ragua. La huella morisca se conserva en los pueblos tendidos en la ladera de la montaña con sus estrechas calles y sus casas sencillas, encaladas, de techumbres planas en las que el techo de una sirve de patio a otra. El pasado árabe se siente igualmente en los cultivos en bancales de uva, olivo y almendros. Imagino la belleza de estas tierras durante la floración del almendro que aquí se produce tempranamente, en enero.

Iglesia de Laujar entre su caserío
Hemos parado en Paterna del Río y Bayárcal. Estos paisajes fueron escenario de la sangrienta Guerra de las Alpujarras y tras la derrota y expulsión de los moriscos en 1570, las villas quedaron prácticamente despobladas y repobladas posteriormente por gentes venidas de diferentes puntos de España.

Sobresalen en estos pueblos blancos espléndidas iglesias mudéjares y aunque la información de la que dispongo habla de restos árabes en uno u otro lado, no logro encontrarlos y algún vecino a quién pregunto me dice que "de aquello ya no queda naa". 

En el pueblo de La Ragua la nieve está presente y el frío rompe el tópico de este Sur siempre soleado y cálido.

Volvemos a Laujar por la A-337 pasando por Alcolea. En este atardecer se nos han cruzado un grupo de tres corzos y más adelante dos grupos de tres cabras montesas y este regalo nos compensa de las ruinas no encontradas y del temprano anochecer.

Camino de Alcolea
En la parte baja del valle aparecen unas formaciones llenas de color y esculpidas por la erosión, cuya composición desconozco con certeza y que supongo que serán margas arcillosas. Mi paciente compañero hace la parada necesaria para poderlas admirar y fotografiar, sorprendidos por estos colores que nos recuerdan a Islandia.

Hacia el  Almirez
En torno a Laujar existen varias posibilidades de recorrer senderos y acercarnos a los bosques, cultivos en bancales y fenómenos geológicos que han conformado este paisaje: Sendero de Monterrey, del Aguadero, de la Hidroeléctrica.. Además con el coche podemos acercarnos hasta El Mirador, desde contemplar toda la vega del Andaratx, con la Sierra de Gádor de frente y tras ella el mar de plásticos y el Mediterráneo. A nuestras espaldas el Pico Almirez en Sierra Nevada. Las pistas no tienen limitado su acceso y podemos circular sin problemas descubriendo este paisaje de montaña.

Ohanes
Saliendo de Laujar nos hemos dirigido hacia la Alpujarra Baja. Nuestra primera parada ha sido Ohanes cuya imagen compacta, vista desde la carretera frente a nosotros, nos deslumbra. Más adelante la carretera nos descubre paisajes magníficos donde se mezclan espectacularmente todos los colores de las arcillas y margas de esta zona baja. Al fondo se vislumbran las formaciones áridas del cercano desierto de Tabernas y hacia el sur, el Cabo de Gata.

Hemos decidido visitar Bentarique y Terque, pero antes paramos para admirar esta parte del valle donde se extienden extensos campos de naranjos rodeados por barrancos semi desérticos.
Campos de naranjos junto a  badlands

En la Alpujarra Baja
Y nuestra última parada, cuando el sol ya se ha ocultado tras las montañas es en Albolodui, que aparece en sombra tras los grandes peñones que lo resguardan.
Albolodui

De regreso se echa la noche y cinco rayones se cruzan en la carretera. Volvemos a sentir la misma satisfacción infantil.

Llegando a Laujar pasamos por Fondón, iluminado discretamente, con su iglesia destacando en la uniformidad de sus tejados, que no llegaré a conocer por no disponer de la dedicación lenta y tranquila que el viaje merece.

Cuando la primavera pasada dejé el Cabo de Gata, afirmaba que volvería allí. No ha sido así este año pues parece que en esta carrera contra el tiempo, buscamos nuevas rutas, nuevos paisajes, movidos por esta agitación interior que no queremos calmar. Y cada viaje va dejando un cúmulo de caminos por recorrer que vienen a alimentar el poso de la nostalgia.

Como en tantos regresos, las montañas se recortan en la noche y como tras tantas puestas de sol, en el coche suena Loreena Mckennitt, Gary Jules o John Denver. Quien me acompaña conduce tranquilo y callado y tengo la impresión de que aunque el destino cambia, siempre hacemos el mismo viaje.





 
 







martes, 8 de enero de 2013

VIAJE A PORTUGAL: BRAGA Y PALACIO DE MATEUS

http://youtu.be/vcTRN2v6_Tg

Nos separan de Guimaraes 600 km. y en estos cuatro días de viaje hemos aprovechado para visitar dos lugares cuya imagen vista en sendas fotografías,  hace ya varios años, ha tenido la fuerza suficiente para traerme hasta aquí: la escalinata del Bom Jesús do Monte en Braga y el Palacio de Mateus en Vila Real.

Trato de analizar que mecanismos se desencadenan en mí, aficionada a la fotografía, para entender este poder de la imagen. Sé que encontraré lo que se me ha mostrado, lo cual no debería ser gran aliciente,  pues no es más que dar fe de una realidad que previamente conocía y de mi paso por este escenario del mundo, pero quizá sea más motivador el reto de saber verlo, encontrarlo, encuadrarlo...y la posibilidad de ver más, de ver diferente.

Bom Jesús do Monte
La foto de la escalinata del Bom Jesús, que guardo desde hace ocho años, presenta el entrecruzamiento de líneas de granito sobre muros encalados, adornadas con pináculos y esculturas. Contra un cielo azul intenso el encalado se ve luminoso y entre los muros entrecruzados se ve el torso de una mujer y su sombra proyectada en la cal. Tiene para mí un atractivo inquietante: el misterio de qué habrá tras los muros, como olerá, qué desnivel será el que lleve hasta esa torre que se adivina al fondo, cuáles serán las dimensiones reales de esa escalera de perspectiva engañosa.

Al preparar el viaje, leo acerca del simbolismo que encierran como camino que el creyente realiza superando el mundo material de los sentidos y purificándose hasta alcanzar las virtudes. Un lugar de peregrinaje en el que pueden encontrarse devotos subiendo de rodillas. Decidimos acudir temprano y tener una vivencia más personal de este lugar.

Parque en Bom Jesús do monte
El navegador nos conduce hasta lo alto del monte donde aparcamos el coche, con lo que nuestra primera experiencia con este lugar no será la de subir, sino la de bajar y lo hacemos a través de un monte convertido en parque, salpicado de lagos, templetes, cuevas artificiales, paseos con  el encanto del s. XIX. La humedad del monte nos trae todos los aromas de una vegetación que disfrutamos en este final del otoño aquí, en el monte Latito de Guimaraes y en el Palacio de Mateus.

El entorno del santuario, en lo alto de las escalinatas, es palaciego, sensual, algo que no conozco en la arquitectura religiosa española.

Estado de deterioro de la escalinata
Hemos de descender las escaleras para tener luego la experiencia de subirlas, buscando imágenes que no serán mejores, ni más originales que las de otros turistas, serán solo las nuestras y éstas no reflejarán la luminosidad de aquella foto, pues ahora la posición del sol las mantiene en penumbra. Ni reflejan el contraste de la cal con el granito, pues el estado de conservación de la pintura es lamentable y ahora la realidad es otra, una realidad en la que la humedad va descubriendo la piedra, imágenes de una decadencia, espero que transitoria.

Una sola imagen me trae hasta aquí y sin embargo mi trabajo de montaje recrea muchas más imágenes, en un afán descriptivo de una parte de la realidad, una realidad fotogénica, seleccionada por una visión ciega a muchos otros aspectos que otros apreciarán si visitan estos mismos lugares.

Vista exterior de la Capilla adosada
Busco en Braga otra iglesia, la capilla visigótica de San Fructuoso. Pregunto por ella en la tienda de recuerdos del Bom Jesús y nos envían a la cima del monte. Animados por esta proximidad ascendemos la carretera para llegar no a San Fructuoso, sino al santuario de Sameiro, imponente construcción de mediados del s. XIX, dominando la ciudad y con la que he iniciado el montaje, por el poder simbólico de la religión en esta ciudad a lo largo de los siglos. Nuestro hallazgo no tiene nada que ver con la recoleta capilla que quiero encontrar y sobre la que pregunto nuevamente en Sameiro sin ningún resultado. EL castellano y el portugués son idiomas similares y sin embargo, a veces, la comprensión parece difícil.

En la oficina de turismo del centro de Braga nos proporcionan las coordenadas que nos permitirán llegar sin problemas:41º 33´37,34´´N   8º 26´19,47´´W.

Calle próxima a la catedral de Braga

Dedicamos tiempo a pasear por Braga, a la que llego sin demasiada información, ni imágenes anteriores, dispuesta a disfrutar de lo no imaginado previamente. Nuestro paseo por esta ciudad amable dura hasta que el temprano horario de cierre de San Fructuoso lo permite.



Por fin llegamos a esta capilla funeraria construída hacia el año 660 por San Fructuoso como su propio mausoleo. Esta pequeña joya que sigue los  modelos del arte Bizantino, como el mausoleo de Gala Placidia en Rávena, está adosada al lateral de un convento franciscano y fueron unas obras realizadas en el s. XIX las que permitieron encontrarla.


La Capilla desde la nave franciscana
Su situación, su tamaño, la elegancia de sus columnas, capiteles, figuras geométricas que la adornan en el interior y el exterior son la gran sorpresa del día, un contrapunto artístico a otras formas opulentas con las que hemos comenzado la jornada. Y sin embargo no he conseguido dar el testimonio de esta belleza: Imágenes desenfocadas, disparadas emotivamente sin hacer un uso adecuado de las posibilidades de la cámara. Quizá el niño que con su móvil fotografía la fachada siguiendo las explicaciones de la profesora que acompaña a un pequeño grupo de alumnos, haya conseguido reflejar mejor este lugar imprescindible si se visita Braga.

Terminamos el día visitando Viana do Castello, que recorremos sin fotografiarla,cuando la luz va cayendo. Viana do Castello tiene el encanto de las pequeñas ciudades portuguesas: edificios de poca altura con sus fachadas cuajadas de grandes ventanales con palillería, detrás de los cuales me gustaría recordar la vida en esa hora en la que el sol pinta en el suelo mosaicos de luz. El casco antiguo se apiña en torno a la Plaza de la República, en la que se mezclan estilos y recuerdos de épocas gloriosas según el sentir de quienes rigieron los rumbos de la historia. La alfombra roja cubre la calle comercial y paquetes de regalo animan este centro histórico salpicado de locales que "compran oro por dinero".

Palacio de Mateus
La segunda foto que nos trae hasta aquí es una foto del Palacio de Mateus, guardada desde hace diez años: un palacio del s. XVIII que conjuga la sencillez rural con el adorno barroco. A la derecha, imponentes árboles y delante, un gran estanque. Supone para mí una promesa de disfrute. Esa necesidad de belleza plástica me impulsa a viajar porque no la encuentro en mi día a día  y porque es un reconstituyente contra el desgaste que supone intentar alcanzar una belleza ética en unos tiempos de abuso, estafa y desasosiego general.

Llegar hasta el Palacio de Mateus desde Guimaraes supone una hora de recorrido por una autopista que nos lleva cumbreando esta región de Tras os Montes. Llegando a Vila Real vemos un letrero que anuncia el Palacio y a partir de ahí, nos perdemos. Cuando en Vila Real bajo del coche para informarme, el azar me lleva a dirigirme a tres lugareños que en ese momento se disponen a arrancar su camioneta y que nos invitan a seguirles. La falta de tiempo con la que he preparado este viaje ha hecho que no haya visitado previamente la web de Mateus donde está toda la información exacta para llegar: 41º 17´51,86´´ N  7º 42´ 49,18´w., pero esta experiencia con la amabilidad de la gente me resulta más gratificante que la autocomplacencia de disponer de estos avances técnicos con los que viajamos hoy en día quienes podemos.

Jardines del Palacio de Mateus
Imagino que la primavera avanzada y los mediados del otoño serán los mejores momentos para visitar estos jardines vinculados a los viñedos del Solar. Pero disfrutamos de los juegos de su geometría, la luz y el olor de este jardín antes de pasar al interior del palacio donde podremos contemplar una vivienda museo.

La visita guiada por estos nobles espacios nos informa de la vinculación cultural de esta familia ya desde el siglo XIX y especialmente en la actualidad, promoviendo actos culturales de todo tipo, especialmente vinculados al perfeccionamiento musical y a la literatura.

Y satisfechas las cíclicas necesidades de belleza, hemos podido hacer frente a la recta final del trabajo a fin de año y al paso de la ITF (Inspección Técnica Familiar) que la celebración de la Navidad supone.









viernes, 28 de diciembre de 2012

VIAJE A PORTUGAL: GUIMARAES

http://youtu.be/vQJHS90mmYk


Oí hablar de Guimaraes durante nuestro viaje a Oporto. La joven Sevillana con la que compartí la espera y el trayecto de autobús en una lluviosa tarde de diciembre tras acudir a un concierto en la Casa de la Música, me contó que Oporto le cautivaba tanto, que había desechado su intención inicial de visitar Guimaraes. Fue así como esta ciudad comenzó a existir para mí. A lo largo del 2012, en que ha sido Capital Europea de la Cultura, he tenido ocasión de saber un poco más de su historia, avergonzada de desconocer esta "Cuna de la Nacionalidad Portuguesa", como así han tenido que estudiarlo los escolares del país vecino, y al llegar el final del otoño, el recuerdo de otros viajes a Portugal en esta época del año, la  convierte en destino de una escapada.

Este viaje en coche hacia el Norte de Portugal nos permite un tránsito paulatino hacia un paisaje montañoso, salpicado de numerosos pueblos que se extienden por las laderas sin una aparente personalidad que los distinga, o eso al menos es lo que nos ofrece el viaje por esta tupida red de autopistas nacida en los años de bonanza económica. Queda atrás el frío duro de La Meseta, la desnudez de sus choperas, su vegetación quemada ya por el temprano frío. Todavía disfrutaremos en Portugal de dorados, rojizos y amables temperaturas, dulces como lo es este país.

Monumento al  Salado junto a la Iglesia de Sta. Mª de Oliveira
Llegados a Guimaraes en el día de la Constitución Española, nos dirigimos a la Oficina de Turismo con el fin de confirmar los horarios de visitas a los museos y monumentos, consultados previamente a través de Internet en distintas webs. Se me informa de que todo estará abierto ininterrumpidamente hasta las 18h. Al pedir información sobre algún acto especial durante esos día con motivo de la C.E. de la Cultura, no tienen actualizada la información impresa, y cuando le quito importancia al hecho, diciendo que ya había mirado algo en Internet y que solo quería confirmarlo, por si acaso yo no había obtenido bien esa información, la señora que me atiende, mostrándose cercana y con la confianza que parece darle nuestra similar edad, comenta que "realmente está muy difícil de obtener para los que no sabemos manejarnos bien en Internet". Con esta insólita información he conseguido quedarme sin ver el Museo de Alberto Sampaio, tan alabado en distintos foros, donde se reúnen los restos arqueológicos de Citania de Briteiros, confiada en "esa apertura ininterrumpida durante el fin de semana".

Claustro en el Museo Alberto Sampaio
Estudié bajo el Regimen Nacionalcatólico de Fco. Franco durante 15 años y puedo imaginar que a lo largo de la dictadura Salazarista, generaciones de portugueses verían la ciudad bajo el prisma del apasionamiento nacionalista propio del régimen: "Aquí nasceu Portugal" avisa un grandioso rótulo sobre un fragmento de muralla en el Centro Histórico. Hay en mi país, España, muchos lugares cuya utilización al servicio del adoctrinamiento maniqueo propio del fascismo (Covadonga, El Escorial...) ha provocado en mí una repulsa que todavía subyace, a pesar de que el paso de los años, con lo que conlleva de estudio más profundo de la Historia y de desapasionamiento general, me ha permitido relativizar todo el esfuerzo pedagógico de una época.


Y hoy se sigue viviendo con orgullo el valor histórico de Guimaraes. Su declaración como Ciudad Patrimonio de la Humanidad en diciembre del 2001 y la reciente C. C. Europea se suman a los símbolos de antaño.


Pienso en todo ello al pasear por esta ciudad, distanciada emocionalmente de su simbolismo, como me gustaría que fuésemos capaces de distanciarnos de patrioterismos en aras a un federalismo socialista europeo.

Colección del Museo Alberto Sampaio
Hemos comenzado el recorrido en la Iglesia de Sta. Mª de Oliveira, donde además de un despliegue de focos y personal técnico, encontramos a tres caballeros, militares de la época napoleónica, que nos explican que su atuendo se debe a un documental que Peter Greenaway está haciendo sobre la historia de la ciudad en este año culturalmente tan importante para ella. Junto a la iglesia, en el museo Alberto Sampaio, colección de arte sacro del norte de Potugal y situado donde la condesa Mumadona instaló un monasterio, núcleo del burgo de Guimaraes, el señor Greenaway y sus técnicos de luz y sonido, los figurantes: monjes y monjas, miembros del alto clero..., invaden el claustro más romántico que he visto y nos obliga a posponer la visita al mismo. En el último día de estancia en Guimaraes vuelvo a este claustro irregular, húmedo y oscuro. El vino verde de la comida y la sensación extraordinaria de recorrerlo a solas me llevan a disparar emocionada cantidad de fotos, de las que pocas podré salvar pues el foco se resiente de tanta afectividad.

Fiesta de "Maçazinhas"
Plaza de Santiago
Abandonamos el Largo da Oliveira con su Monumento al Salado, tan representativo de esta ciudad y a través de los arcos góticos de los Pazos del Municipio, entramos en la Plaza de Santiago, tranquila en esta mañana de jueves. Por la tarde será el escenario de una fiesta tradicional estudiantil "Las Maçazinhas",  cargada de simbolismo. Celebrando el día de San Nicolás, los varones estudiantes ponen en escena un antiguo ritual de galanteo, ofreciendo pequeñas manzanas a las jóvenes que llenan los balcones de esta vetusta plaza. Pasaremos por esta plaza numerosas veces y cada vez recordaré algún lugar de España: a veces será Sanabria en Zamora o La Alberca en Salamanca. Cuando en un sábado soleado y festivo las terrazas, que tan absurdas me parecen en esta época del año, se llenen de visitantes comiendo al sol,  sentiré que estoy en uno de esos pueblos gastronómicamente famosos del centro de la Península: Pedraza, Sepúlveda...

Calle de Sta. María

En la calle de Sta. María, una de las primeras calles abiertas para unir el monasterio y el castillo construido para defender el primitivo burgo, se suceden antiguos conventos, casa señoriales..., parte representativa de un casco histórico por cuya conservación Guimaraes  recibió el título de C. Patrimonio de la Humanidad.


Cor de Tangerina
Llegamos al Largo Martins Sarmento, plaza inclinada y triangular, rodeada de edificios encalados, bajos, representativos de la arquitectura portuguesa, uno de ellos recuperado como restaurante por una cooperativa centrada en el comercio justo, la agricultura biológica, y que además de su oferta como restaurante vegetariano, promueve múltiples actividades con ese espíritu de desarrollo sostenible: Cor de Tangerina.


En algunos de estos edificios, antiguas casonas, se lee VENDE SE. "Se vende" en Portugal, en España, en Letonia...Me gustaría comprar aquí y vivir en esta plaza por la que cada noche caminamos solitarios. Pero nadie compra y los Cascos Antiguos se despueblan convertidos en monumentos que hemos de recorrer los turistas, a veces descargados de los autobuses para ser recorridos en un tiempo record. Y al volver siempre habrá quien diga: "Guimaraes se ve en media hora, Brujas en dos horas..." Por la noche, los restaurantes mantienen la vida de estos fantasmas del pasado que la conservación del Patrimonio de la Humanidad se encargará de preservar.

Castillo de San Mamede
Y volviendo a nuestro recorrido, llegamos al monte Latito, acrópolis donde se encuentran el Pazo de los Duques de Braganza, la Capilla de San Miguel donde fue bautizado Afonso Henriques, fundador de esta nación y el castillo de Sao Mamede. Saramago, en su "Viaje a Portugal" decía : "el viajero... está desamparado entre las falsa murallas, casi suspirando de frustración,cuando vencidamente mira al suelo y en él súbitamente se reconforta, tan cerca se encontraba la explicación de todo, y él no la veía: Está en pie, sobre las grandes piedras bastas que Afonso Henriques pisó y el peonaje popular, quién sabe si aquí mismo fue tendido alguien que se moría, un Martim cualquiera, un Álvaro de quien nada quedó escrito en la Historia, y entonces sabe que la cuna no es el castillo, sino la piedra,el suelo, el cielo que está arriba y este viento que sopla a rachas, soplo de todas las palabras portuguesas dichas, de todos los suspiros primeros y finales, murmullo del profundo río que es el pueblo..."

Palacio de los Duques de Braganza
La lluvia fina de esta tarde difumina los contornos de este conjunto restaurado y convierte, lo  que bajo los contrastes de un día soleado podría parecer un decorado de cartón piedra, en un entorno cargado de romanticismo.

Salazar convirtió el Palacio de los Duques de Braganza en Residencia Oficial. En mi país Fco. Franco hizo lo propio con el Pazo de Meirás y jamás pisaría semejante lugar aunque allí se conservasen las más preciadas obras de arte. Pero el turista es muchas veces incoherente con su ideología, y en esta tarde lluviosa el olor de la madera antigua de sus muebles y los tapices empolvados,  crean una atmósfera que son un bálsamo para nuestra incongruencia.

Fachadas en el ensanche
Guimaraes ha sido en estas tres jornadas el punto de partida hacia otros destinos cercanos: Braga, Viana do Castello y el Palacio del Solar de Mateus. En nuestras idas y venidas hemos ido conociendo sus calles, comercios... Las iglesias, como ya es costumbre en La Península, cerradas. Contemplar sus interiores, que considero Patrimonio de Todos, pues supongo que en Portugal como en España reciben importantes subvenciones del Estado, se ve limitado a las horas de culto, lo que por respeto a las creencias y prácticas ajenas lo hace imposible. Así nos hemos asomado al maravilloso interior de la Iglesia de San Francisco cubierto de azulejos, aprovechando la celebración de una boda.

Plataforma das Artes
Además del Guimaraes antiguo hemos visitado sus apuestas arquitectónicas más modernas: el Centro Cultural Vila FLor junto al Palacio del mismo nombre, La Plataformas das Artes, el Centro para los Asuntos de Arte y Arquitectura situado en una antigua fábrica textil recuperada como centro cultural multidisciplinar. Todos ellos han sido a lo largo de este año escenario de conferencias, mesas redondas, centros de debate sobre un tema central: la participación ciudadana y artística en torno a la recuperación cultural, creativa y económica de la ciudad. Satisfechos de sus logros al acabar el año, será en años sucesivos cuando se pueda valorar el resultado de estas iniciativas contra el declive económico al que la globalización llevó a esta ciudad eminentemente textil.

Viviendas-tallers en la zona de Couros
Desde nuestra primera noche en esta ciudad, me sentí intrigada por una zona oscura, poco iluminada, situada al fondo del declive que se extendía más allá de nuestro hotel, una especie de ciudad invisible, un paréntesis antes de llegar al Casco Antiguo. Con la luz del día pude distinguir barrios de casas muy humildes que dejaba de visitar anteponiendo nuestro plan previsto para el día. En nuestra última tarde en Guimaraes nuestro callejeo nos adentró en esta zona llamada "Zona de Couros" y así pudimos descubrir este área que tras la decadencia de la industria textil trata de recuperarse y llegar a imbricarse con el recorrido histórico tradicional, destinando edificios abandonados a fines culturales o de vivienda. ¿Llegarán los presupuestos para que estos proyectos se hagan realidad, para que las actividades  culturales den vida a tantos centros creados para ello? ¿Qué precio tendrá que pagar el ciudadano por disfrutar de esta cultura cada día más desprovista de apoyos cuando  los fastos coyunturales acaben?

Lavaderos en la Zona de Couros
Hemos disfrutado, como siempre en Portugal de la oferta gastronómica de Guimaraes en nuestras cenas. Nos han acompañado sus telediarios y hemos ojeado sus periódicos en la sobremesa. Como en España, los mismos problemas e idénticas soluciones: recortes de pensiones, recortes en sanidad, educación, supresión de pagas extraordinarias, reorganización administrativa de municipios... Dos países vecinos en los que han fracasado los políticos y los electores, y cuyos ciudadanos poseen un impulso vital que espero venza esta larga crisis.