lunes, 3 de septiembre de 2012

VIAJE A LETONIA: PARQUE NATURAL DE DE GAUJA

http://youtu.be/04-jkg-ql2E

Dejamos Riga camino del Parque Nacional de Gauja, a unos 50 km. de la capital. Como en el trayecto desde el aeropuerto, vuelven a aparecer esos barrios de uniformes bloques soviéticos y tras ellos, nos incorporamos a uno de los escasos tramos de autovía en este país.

Valle del río Gauja
Dejar la ciudad, que tras pasadas las fiestas ha recuperado su denso tráfico, para ir hacia la Naturaleza no es un tránsito difícil para nosotros que, desde el medio rural en el que vivimos, la estamos disfrutando habitualmente..

Vamos hacia este Parque publicitado como la Suiza Letona, con las expectativas de encontrar un medio natural diferente, cargado de historia al mismo tiempo. Barones germanos y aristócratas rusos lo eligieron como sede para sus mansiones. Ofrece en sí suficientes atractivos para convertirse en destino de unas vacaciones. Nosotros pasaremos aquí dos activos días.

Inscripciones en Gutmanis
Este valle, excavado por el agua glacial, está recorrido por el río Gauja y sus afluentes en un lento transcurrir, en la mayor parte de su curso, que dibuja amplios meandros y en el que la mejor forma de disfrutarlo es recorrerlo en canoa. Pero también acercándonos a sus orillas, después de atravesar tramos de espeso bosque mixto, podemos disfrutar de los afloramientos de arenisca que forman acantilados rojizos expectáculares, si no por su altura -estamos en un país llano, a veces por debajo del nivel del mar- sí por su color y el contraste con la masa verde de los árboles que lo inunda todo. Hemos visitado Ergu Klintis, Zvartes Klintis, Kuku Klintis y la cueva de Gütmanis, cueva llena de historias y leyendas, como tantos de estos parajes, y completamente grabada con inscripciones que se remontan al S.XVII cuando los nobles encargaban a artesanos la labor que hoy harían nuestros grafiteros.

Zvartes Klintis
En invierno el valle ofrece la posibilidad de practicar el esquí. En este momento, se puede pescar, remar o caminar por los numerosos senderos, de distinta longitud, que se pueden recorrer fundamentalmente en torno a Sigulda, Ligatne o Cesis, siempre entre bosques y junto al río.

Kuku Klintis
El centro principal de visitantes se halla en Sigulda, pero también encontramos centros de información en las localidades de Ligatne, Cesis, Valmiera... y en hitos naturales tan destacados como Zvartes Klintis o La cueva de Gütmanis. El mapa turístico de esta zona nos ofrece todas las posibilidades de acercarnos a sus monumentos históricos o naturales, facilitándonos, para todo lugar allí reseñado, sus coordenadas geográficas, con lo que llevando un GPS se accede a cualquier sitio sin dificultad. También la web oficial de turismo ofrece las coordenadas de todos los lugares que allí aparecen: monumentos, espacios naturales, hoteles...

Fortaleza de Araisi

El PN de Gauja, habitado desde el 2000 A.C.  reúne gran cantidad de restos históricos que nos acercan al complejo pasado de Letonia. En Araisi encontramos la reconstrucción de un poblado del S.IX fortificado en madera y construído sobre una pequeña isla.

El castillo de Turaida, construido en 1214, es el más significativo y nos informa de la historia del estado Livonio entre 1319 y 1561. Junto con los antiguos castillos de Krimulda, Sigulda y Cesis, tiene su origen  en fortificaciones de madera autóctonas sobre las que se erigen los primeros castillos de piedra con la llegada de los cruzados germanos, convirtiéndose en sede de los caballeros Livonios. Posteriormente serían testigo de la azarosa historia por la que estos territorios serían disputados por polacos, suecos, alemanes, rusos..., pasando de mano en mano tras sucesivas guerras.

Antiguo castillo de Cesis
El castillo de Cesis, pequeña ciudad en la que nos alojamos dos noches, es un escenario romántico en el que junto a las ruinas del castillo medieval, encontramos un bellísimo parque público de 1812. Hemos elegido esta ciudad por haber leído acerca de su encanto. Cesis es un núcleo de población construido en torno a su castillo y su iglesia que conserva su trazado medieval junto con edificios del S.XVIII y XIX. Hoy día es centro turístico y ciudad balneario. Observo en esta ciudad, como en la igualmente valorada Kúldiga, situada en el centro de la península de Curlandia y que visitamos en la etapa final de nuestro viaje, la belleza de la decadencia, los tremendos contrastes de castillos y parques maravillosos junto a casas vacías y desconchadas, calles sin pavimentar..., fruto de una progresiva despoblación rural. Estamos visitando lo que todavía pervive, antes de que la economía supranacional uniformice todos nuestros paisajes europeos. Esta visión de turista romántica chocará con la de quienes han emigrado de Letonia a lo largo de diferentes épocas y más recientemente a raíz de las profundas crisis económicas de 2008 y 2009. Letonia ha sufrido grandes pérdidas de población, purgas, deportaciones,ciudadanos huidos durante la 2ª GM y recientemente, la emigración.

Una calle en Sigulda

Aparte de este núcleo, la población en esta zona es sumamente dispersa. Latgale y, sobre todo Sigulda, no son ciudades con parque, sino  ciudades en un parque. Ya en el S.XIX se produjo un gran éxodo rural cuando los campesinos consiguieron emanciparse de su condición de siervos. Posteriormente, tras la destrucción de la 2ª GM, apenas hubo reconstrucción.


Straupe

Forma parte de la relajación de las vacaciones el dejarse llevar por mi compañero y conductor y admirar continuamente esos verdes, esa luz, esas granjas..., esa calidad de vida que permite a los padres circular tranquilamente en bicicleta con sus hijos por inmensos parques, aunque a la calzada contigua no le haya llegado todavía el momento de su reparación. Siempre, el olor a madera y hierba recién segada.

Cesis

Y llega el momento de despedirnos de nuestro hijo. Vamos a Valmiera donde tiene parada el autobús que hace la línea Riga - Tartu (en Estonia). Hemos localizado su parada en esta ciudad. En la calle Karla Baumana hay una marquesina donde hará su parada. No esperamos encontrar allí a nadie que a las nueve de la noche vaya a continuar esa ruta. Pero arrebujada contra su mochila, encontramos a una joven estadounidense que inició su viaje en Pekin, cruzó Asia y Rusia  con el Transiberiano y ahora recorre los Países Bálticos.

Ha refrescado tanto que esperamos dentro del coche al autobús que llega con media hora de retraso. En frente, bloques de la época de Kruschev y en la emisora de radio clásica que llevamos sintonizada todo el viaje, suena el Adagietto de la 5ª Sinfonía de Mahler.




 Espacios naturales de interés en torno a Cesis:


viernes, 31 de agosto de 2012

VIAJE A LETONIA: 1ª PARTE. RIGA

 http://youtu.be/tP9EyYynFcU

Un viaje a Riga era una de las posibilidades que desde hacía algún tiempo nos planteábamos al planificar las vacaciones de Semana Santa. Suponía conocer esa capital de la que tan elogiosamente habíamos oído hablar, al igual que de su vecina Tallin, desde que las Repúblicas Bálticas se independizaron de la URSS y, desde allí, emprender una visita fugaz a Estonia para reunirnos brevemente con nuestro hijo. Pero todos los años apertábamos esta idea por el elevado precio del viaje en aquellas fechas para tan sólo cuatro días disponibles. Este año ha sido, por fin, el destino de nuestras vacaciones de verano, pudiendo disponer de siete días para conocer, no sólo la capital, sino parte del país, y convirtiéndose el viaje en motivo de reencuentro con nuestro hijo.

Recuerdo el comienzo de la planificación del viaje como una mezcla de ilusión e incertidumbre: hemos de decidir qué ver, cuánto tiempo estar en cada destino. En ese momento sólo conozco parte de la historia de ese país, la dolorosa época comprendida entre el alzamiento del nazismo y su independencia de la URSS; he leído artículos sobre sus conflictos, todavía latentes, por reconocer la nacionalidad a residentes rusos, asentados tras la ocupación soviética o a sus descendientes, que se extiende al reconocimiento del ruso como lengua cooficial y que es rechazado por una mayoría de ciudadanos..., he oído hablar de la belleza de su capital, de la importante presencia del estilo ART NOUVEAU en sus calles y.... poco más.

Echo mano de la carpeta donde guardo las publicaciones de artículos de viajes sobre aquellos lugares que me gustaría visitar y que cada vez abro con la certeza de cuántos se quedarán en un mero sueño, pues la posibilidad de viajar tras una jubilación que veía cercana, se va alejando cada día más y con ello, los destinos guardados en la carpeta de viajes. Encuentro artículos sobre Riga y sobre los planos de Google Maps empiezan a existir para mí la playa de Jurmala, el Parque natural de Gauja, castillos, ciudades medievales..., nombres que creo no seré capaz de recordar. Sé, por otro lado, que a medida que avance en la preparación del viaje, me familiarizaré con ellos  y que al fin, sobre lo que ahora son líneas en el plano, se levantará ante nosotros una realidad de la que formaremos parte, tanto más, cuanto más hayamos trabajado por conocerla.

En algún momento atravieso la preparación el viaje con desánimo. Busco en Internet experiencias de viajeros y tiemblo ante los relatos de una mayoría de ciudadanos  británicos. Imagino que no provocaremos ni protagonizaremos situaciones semejantes. Me acerco al país a través de la literatura y leo Los perros de Riga de Henning Mankell, que narra un momento crucial, previo a la conquista su independencia de la URSS en una gris y fría ciudad, que no corresponde con la visión que El País quiere ofrecerme hoy a través de su brillante e interactiva web oficial de turismo. Pero he de decir no a muchas propuestas pues sólo tenemos siete días. ¡Elegir!

Puente del ferrocarril sobre el río Daugava en Riga
Desde el escaparate de la agencia de viajes cercana, el anuncio de "Tahití y sus islas" me recuerda diariamente otras posibilidades de viaje en las que abandonarme en manos de quien elija por mí destinos, hoteles, restaurantes... El periódico me bombardea con las promociones de cruceros cada día más baratos, sus "todo incluido"....

Las cálidas respuestas a mis primeros correos electrónicos con oficinas de turismo, hoteles..., me traen el contacto humano que hace que ese momento del viaje empiece a ser realmente emocionante.

Sigulda, Cesis, Krimulda, Kúldiga y otros tantos destinos a los que sólo por la sonoridad y poder sugerente de sus nombres quiero ir, han sido tantas veces imaginados que, en los días previos al viaje, recuerdo con autosatisfacción los inicios de preparación del viaje.

Mercado Central de Riga
Iberia Express nos lleva a Riga desde Madrid. El vuelo sale a la 1:00 de la madrugada. Aterrizamos a las 6:00 hora local. Tras consumir una gran taza de café - aquí hay que pedir un expresso si se quiere un café solo como tomamos en España; un café, es gran tazón de café - el autobús 22 nos lleva al centro desde el aeropuerto. Pronto empezamos nuestro recorrido por la ciudad. Hemos elegido para esta temprana hora la visita al Mercado Central, situado junto al río, la estación de trenes y de autobuses, y que comienza su actividad organizando los numerosos puestos de carne, productos lácteos, frutas y verduras, flores..., situados en los que fueron cinco enormes hangares de una flota de dirigibles.

Frutos del bosque
En el Mercado Central
El afán de fotografiar lo distinto y peculiar de cada lugar, choca en algún momento con el rechazo de quienes están haciendo su trabajo y se sienten exótico objeto de la curiosidad del turista, pese a haber pedido permiso. A partir de aquí, el pudor o el respeto me impedirán fotografiar ese madrugador paisaje humano que se agolpa en las paradas del tranvía o a estas ancianas que barren las calles como forma de conseguir un subsidio que ayude en su precaria situación económica. El paso a la economía capitalista ha tenido un alto precio en grandes sectores de la población privados del amparo de PAPA ESTADO y las desigualdades se ven en la calle.

Vista desde la torre de San Pedro
Mientras llega la hora de apertura de los edificios y museos más notables, recorremos el río Daugava  y sus puentes en una nubosa mañana, fotografiando el perfil de la ciudad que más tarde veremos desde la torre de la Iglesia de San Pedro.

Llegados al casco antiguo, descubrimos que en estas fechas Riga celebra sus fiestas y en  este año giran en torno a la conmemoración del 730º aniversario de su incorporación a la liga Hanseática en 1282.

Iglesia de San Juan
Este centro, en el que encontramos monumentos como la Iglesia se San Juan, cuyo origen se remonta a la fundación de Riga en 1201 cuando el obispo alemán  Albert de Buxhoeveden levantó el primer fuerte germánico desde el que iniciar una cruzada-conquista sobre los pueblos paganos del norte, se ha convertido en un gran mercado medieval que invade las calles con artesanía de los países bálticos. Acompañados por caballeros, damas y artesanos, como hemos visto en otros mercados de nuestro país,  vamos recorriendo sus calles a la búsqueda de edificios destacados, como la Iglesia de San Pedro, el castillo, la catedral y su órgano , la casa de los Cabezas Negras, el Pequeño y Gran Gremio, numerosas  iglesias y almacenes medievales...y sintiendo que formamos parte de una idéntica forma de celebrar la antigüedad. En la plaza del Ayuntamiento está instalado un escenario en el que a lo largo de todo el día se suceden actuaciones de folclore, música antigua y orquestal, coros, mimo... y donde nos detenemos cada vez que pasamos pues aquí sí está la diferencia y la belleza.

Monumento a la Libertad
Junto a este escenario se halla el Museo  de la Ocupación en el que se expone el desgarro que supuso la época iniciada en 1939, en la que tras haber alcanzado la independencia de la Rusia zarista al final de la 1ª GM, volvieron a caer bajo poder soviético, sufriendo miles de deportaciones a Siberia, que serían seguidas por la ocupación nazi entre 1941 y 1944, ocupación que se vivió en principio como liberadora y en la que perecieron miles de judíos. La victoria de la URSS en la 2ª GM continuo las deportaciones y todos los cambios vividos por los países ocupados.

Salgo de este museo con la sensación de que estos horrores tuvieron que ser mucho peores que nuestra guerra civil, pues aquí confluyeron todas las humillaciones, abusos, venganzas, delaciones y crueldad de esa época.

En el escenario continúan las actuaciones y desfiles de grupos folclóricos, aquí y allá conciertos de órgano, desfiles de motos y coches antiguos, acrobacias aéreas... La población de esta ciudad llena las calles en su fiesta y me complace mezclarme y sentir que no somos riadas de turistas los que invadimos una ciudad museo. Terrazas cubiertas por parasoles cubren las plazas y no consigo hacer fotos de este casco antiguo que reflejen una idea preconcebida de ciudad que quizá corresponda a los momentos de bajón turístico. No he venido en invierno. Es verano y estos países viven la calle con auténtico frenesí en esta estación.

Experimento durante este fin de semana ese cambio generacional que supone dejar relajadamente en manos de mi hijo la labor de intérprete, comprobando, al mismo tiempo, que en esta ciudad se admite el inglés sin ningún rechazo, como ocurre, en cambio, en Rusia.

Edificio en la calle Kalcienma
En estos dos días hemos ido más allá del casco antiguo. Cruzando el río nos hemos dirigido a Pardaugava, en la orilla izquierda del río, zona con abundantes casas de madera principalmente en torno a la calle Kalnciema, donde en el siglo XVII se asentaba Agenskalns, suburbio con casas de madera que en caso de guerra podría ser  quemado  lo que obstaculizaría el paso del enemigo hacia las murallas de la ciudad. Estas calles están vacías. La vida en este fin de semana está en el centro al que la gente acude con los medios de transporte gratuitos por ser fiestas.
Detalle de fachada Art Nouveau

Saliendo hacia el Este del casco antiguo, flanqueado por el canal ajardinado donde estuviera la muralla y tres grandes parques, escenario estos días de conciertos y juegos, hemos recorrido las amplias avenidas y calles donde se concentran los más representativos edificios ART NOUVEAU por los que Riga consiguió ser nombrada Ciudad Patrimonio de la Humanidad y que corresponden a un periodo optimista y de florecimiento económico. Este movimiento se convirtió en uno de los signos de identidad que contribuyeron a forjar la corriente nacionalista que finalmente daría a Letonia su independencia tras la 1ª GM. La equidad social no se ha conseguido jamás y en toda época estos pisos han sido habitados por las clases pudientes: diputados, ministros, embajadores...

Mi última foto en Riga
Nos sorprende ver el tendido eléctrico de estas calles carentes de farolas y sustituidas por sencillas lámparas centrales. No veremos esa iluminación nocturna. Hemos destinado dos días a Riga. Como a toda ciudad, podríamos haberle dedicado más tiempo, pero es nuestra elección y en esta última noche, al igual que en mi ciudad, acudimos en masa hacia los puentes desde donde contemplaremos la exhibición de fuegos artificiales con la que nos despedimos de ella, encantados del trato con su gente y animados a seguir continuando el viaje.






Información sobre arquitectura en madera:
 
Ruta autobús 22 desde el aeropuerto y viceversa:

Conciertos órgano en la catedral:

domingo, 22 de abril de 2012

VIAJE ACABO DE GATA: 1ª Y 2ª PARTE

http://youtu.be/ICa0wi9MeNY


1ª PARTE: DE SAN JOSÉ AL CABO DE GATA  

Nuestro lugar de residencia en esta visita al P. N. de Cabo de Gata está en el pequeño pueblo El Pozo de los Frailes junto a la localidad de san José.

Hemos llegado después de recorrer la autovía del Mediterraneo y atravesar los abusos urbanísticos cometidos en Levante, particularmente agresivos con el paisaje en torno a la Marina Baixa. A un lado y a otro de la autovía se han sucedido ininterrumpidamente urbanizaciones "con vistas al mar" a costa de comer el terreno en las laderas próximas a la costa.  Al ritmo que va la economía española asistiremos al deterioro fantasmagórico de aquella insostenible fuente de enriquecimiento. La imagen de los embotellamientos que pueden producirse en las horas punta de afluencia a la playa refleja el sinsentido de como vivimos el ocio.

San josé
Nuestra primera toma de contacto es con la localidad de San José, antiguo pueblo de pescadores, de la que he leído referencias como bulliciosa, quizá por ser la más grande de todas las de este P.N. y por su gran oferta de servicios turísticos además de por su localización. La recorremos admirándonos de la luz de Almería y el azul del Mediterráneo. Disfrutamos del beneficio que supone la declaración de Parque Natural por la limitación a esa especulación que ha destruido paisajes como acabamos de ver en nuestro viaje. Todavía no ha llegado una avalancha de turistas que colme las expectativas de quienes trabajan en la hostelería y tampoco lo hará a lo largo de estas vacaciones. Si la crisis da al traste con tantos negocios y puestos de trabajo devuelve el equilibrio al uso que hacemos del paisaje.

Empezamos a recorrer el Parque en torno a las famosas playas comprendidas entre san José y el Cabo de Gata. Podemos acceder a la playa de los Genoveses por un sendero que parte de San José y continuarlo durante 13 km. hasta el Cabo. Este Parque ofrece múltiples senderos de longitud y duración diferente pero nosotros disponemos de sólo cuatro días escasos y alternaremos trayectos en coche con paseos.
Playa de los Genoveses
Nos acercamos en coche hasta la Playa de los Genoveses donde hay un aparcamiento que en este momento apenas está ocupado. Cuando preparas un viaje consultando páginas web u otro tipo de información te asaltan las imágenes de aquello que vas a ver y se corre el riesgo  de que el viaje se convierta en el cumplimiento de una serie de itinerarios en el que vas constatando la existencia de aquello que ya habías visto y de lo que vuelves a dar fe de su existencia con tu cámara fotográfica. Por eso últimamente me limito a leer procurando no quedarme con imágenes que condicionen mi vista y poder sorprenderme de lo que voy descubriendo.         

Recorremos la extensa playa de los Genoveses hasta el morrón que la limita y seguimos caminando por el Cerro de El Barronal recorrido por multitud de sendas. Elegimos caminar con vistas a los acantilados y a calas como la de su mismo nombre.
Playa de Monsul

Con el coche llegamos a la Playa de Monsul, escenario de muchas películas,  con su duna rampante y sus rocas en forma de ola. Continuamos hasta la Playa de la Media Luna. En este comienzo ventoso de la Semana Santa vivimos estas playas paseandolas y su belleza es tal que parece que esta sea la mejor forma de hacerlo. Me resulta difícil imaginarlas con olor a aceite solar y salpicadas de sombrillas.

Pasada la Cala Carbón nos vemos obligados a dejar el coche pues una valla nos impide el paso. Atrás hemos dejado numerosas calas nudistas.

Subimos andando 2 km. hasta la Torre Vigía de la vela Blanca atravesando el Barranco Negro y disfrutando  de las flores y matorrales que hacen que la primavera sea el mejor momento para este viaje.
Punta Colorada

En el alto acantilado del Cerro de la Vela Blanca, resto de un antiguo volcán submarino, disfrutamos hacia el N.E. de un perfil único por sus colores y formas conseguidas por la erosión del mar sobre los despeñaderos de lavas. Hacia el S.O. se recorta el Cabo de Gata y el Arrecife de las Sirenas en un contraluz que nos avisa de que la puesta de sol está próxima.

Cabo de Gata
En el Cerro  de la Vela Blanca otra valla impide cruzar a los coches que vengan desde el Cabo. Este trayecto cerrado al tráfico no presenta ningún peligro: es suficientemente ancho y el acantilado no es especialmente peligroso. Si podrán atravesarlo, al igual que todos los que permanecen cerrados al tráfico en el Parque, quienes contraten una excursión en todoterreno. Entiendo estas limitaciones al tráfico que son las que permiten que disfrutemos de un paisaje único y que dejaría de serlo con hileras de coches aparcados en los márgenes de la pista.

Quizá nos separen menos de 5 km. del Cabo. Se ha hecho tarde para continuar andando y si ahora queremos ir hasta el Cabo para contemplar la puesta de sol,tenemos que dar una vuelta de más de 35 km. volviendo a San José y dirigiéndonos hasta san Miguel de Cabo de Gata. Y habiendo leído acerca de lo espectacular de la puesta de sol en el Cabo, decidimos, temerariamente, hacer este trecho en una especie de carrera con el sol.
       
Cual turistas que siguen al pie de la letra las recomendaciones de un recorrido, desestimamos la posibilidad de quedarnos a contemplarla en la larga playa de Las Salinas y empezamos una subida suicida por una carretera de estrechas y cerradas curvas que van ganado altura sobre el acantilado. Solo me tranquiliza pensar que mientras el sol se está ocultando ningún otro turista descenderá por esta carretera.
Arrecife de las Sirenas
El sol nos ganó y al llegar arriba la contemplación del Arrecife de las Sirenas es la recompensa a esta absurda carrera. La imagen de la puesta de sol en el oleaje de la playa queda en mi memoria, pero es una foto perdida como tantas otras, en este y otros viajes. Y no lo vivo con la ansiedad del coleccionista de imágenes, sino con un sentimiento de  melancolía ante la fugacidad del momento a la que la fotografía nos enfrenta y que tantas veces experimento.
   
Más relajados descendemos la carretera con la intención de cenar en La Fabriquilla o La Almadraba de Monteleva, pequeños poblados junto al mar. Todo está cerrado. Se ven persianas bajadas en la mayoría de las casas. Parecen pueblos fantasmas que probablemente cobren vida los fines de semana o en verano.
       
Anochece y no podemos visitar la Albufera por falta de luz. Nuestra costumbre de cenar pronto hace que la luz suave de un chiringuito de madera situado en la playa- Chiringuito Chiribus- se nos ofrezca como una promesa de satisfacción inmediata. Y quizá por la necesidad de compensar la frustración por los locales que hemos encontrado cerrados y por las fotos perdidas, nos dejamos convencer de tomar una cena que rompe con nuestra habitual frugalidad a un precio caro como no volveremos a ver en toda la variada oferta de esta zona y sin tampoco satisfacernos gastronomicamente.

       
Atravesando los invernaderos que se extienden más allá de los límites del Parque, volvemos a nuestro económico hostal en El Pozo de los Frailes  que nos permitirá compensar este gasto inusual.



2ªPARTE:LOS ESCULLOS, LA ISLETA DEL MORO, RODALQUILAR, EL CORTIJO...

Asuntos familiares nos llevan durante la mañana de esta segunda jornada hasta Almerimar. No visitaba esta parte de la costa desde hace 21 años. Aguadulce se funde con Roquetas y los invernaderos han continuado su expansión.

               
Almerimar nació con la intención de ser una lujosa y exclusiva urbanización, un oasis en torno a un campo de golf. Ha vivido, como todo el país, el boom inmobiliario y el exceso de oferta de vivienda unido a la crisis económica ha democratizado su uso, como no lo hubieran imaginado quienes compraron y construyeron pensando ver a exquisitos jugadores de golf ingleses en primera línea de playa.

Playa del Esparto
Duna fósil en Los Escullos
Por la tarde emprendemos el recorrido desde El Pozo de los Frailes hacia el Norte del Parque haciendo nuestra primera parada en la Playa del Arco, bahía de los Escullos. Recorremos estas dunas fosilizadas de arena blanca en las que la erosión ha trabajado fantásticas formas. Seguimos caminando hasta las rocas de la Playa del Embarcadero o El Esparto donde las erosionadas y oscuras formas volcánicas contrastan con la blancura de los carbonatos de la Playa del Arco.

Estamos  de los dos conos volcánicos Los Frailes, los de mayor altitud del Parque, cuya silueta disfrutaremos plenamente desde la Isleta del Moro en el otro extremo de la Bahía.

Podemos llegar a la Isleta por un sendero. Optamos por acercarnos con el coche considerando que lo que veamos en el recorrido es lo que desde aquí divisamos y , al mismo tiempo, con la certeza de que cada opción que rechazamos lleva una visión de la realidad que, de haberla elegido, nos hubiera sorprendido.            
La Isleta del Moro
Los Frailes desde la Isleta del Moro
       
En La Isleta, pueblo de pescadores situado en un abanico aluvial disfrutamos del paisaje desde el mirador construido hacia el Sur del pueblo y desde el islote en el que anidan multitud de gaviotas.

 Sigiendo la carretera llegamos al Mirador de la Amatista desde el que dominamos los 20 km de calas y acantilados que hemos conocido desde nuestra llegada.

Mirador de la Amatista
La carretera abandona la costa y nos adentra en el Valle de Rodalquilar. Desde lo alto la vista es sorprendente. A medida que desciende la carretera, se va abriendo un valle circular resultado de dos calderas volcánicas. Hasta ahora los acantilados, los azules intensos del mar y el cielo habían sido la visión más sorprendente que teníamos del parque. Ahora se nos ofrece su interior montañoso donde los verdes de los cultivos en esta época del año se mezclan con los rojos de estas montañas mineras de las que se extrajo oro, plata y plomo hasta que se las consideró poco rentables. La carretera no me ofrece un lugar en el que parar y desde el que pueda fotografiar este anfiteatro cuya visión me ha cautivado.
Montañas mineras de Rodalquilar
Valle de Rodalquilar

 No entraba en mis planes el acercarme a las abandonadas instalaciones mineras pero la atracción que sentimos por el monte y en particular por el conocimiento de los minerales se impone y nos vemos recorriendo la pista que se adentra en la Sierra y cuando ya hayanos recorrido un trecho comprobaremos en el mapa que esa pista nos conduce hasta el Cortijo del Fraile.

De Rodalquilar al Cortijo del Fraile
A medida que se abren otros valles, aparecen campos en los que encontramos algún cultivo y por fin El cortijo del Fraile, en su mejor momento de luz, justo antes de que el sol deje de iluminarlo. Esta lugar fue el escenario de los hechos que inspiraron a García Lorca su obra Bodas de Sangre. Al posible  lector de este blog le recomiendo acceder al cortijo desde Rodalquilar en la hora del atardecer.
Hacia el Cortijo del Fraile

Volveremos a nuestro hostal siguiendo la carretera que atraviesa Los Albaricoques donde Sergio Leone rodó escenas de "La muerte tenía un precio".
Cortijo del Fraile

Ya anochece cuando nos acercamos al Pozo de los Frailes y las siluetas cónicas de estos montes se recortan en esta noche de luna llena. Escuchamos "Local Hero" y recordamos cuántas otras melodías podrían acompañarnos en este paisaje solitario.

www.degata.com

www.cabodegata-nijar.com

www.cabodegata.net

www.inatura.es