domingo, 22 de abril de 2012

VIAJE ACABO DE GATA: 1ª Y 2ª PARTE

http://youtu.be/ICa0wi9MeNY


1ª PARTE: DE SAN JOSÉ AL CABO DE GATA  

Nuestro lugar de residencia en esta visita al P. N. de Cabo de Gata está en el pequeño pueblo El Pozo de los Frailes junto a la localidad de san José.

Hemos llegado después de recorrer la autovía del Mediterraneo y atravesar los abusos urbanísticos cometidos en Levante, particularmente agresivos con el paisaje en torno a la Marina Baixa. A un lado y a otro de la autovía se han sucedido ininterrumpidamente urbanizaciones "con vistas al mar" a costa de comer el terreno en las laderas próximas a la costa.  Al ritmo que va la economía española asistiremos al deterioro fantasmagórico de aquella insostenible fuente de enriquecimiento. La imagen de los embotellamientos que pueden producirse en las horas punta de afluencia a la playa refleja el sinsentido de como vivimos el ocio.

San josé
Nuestra primera toma de contacto es con la localidad de San José, antiguo pueblo de pescadores, de la que he leído referencias como bulliciosa, quizá por ser la más grande de todas las de este P.N. y por su gran oferta de servicios turísticos además de por su localización. La recorremos admirándonos de la luz de Almería y el azul del Mediterráneo. Disfrutamos del beneficio que supone la declaración de Parque Natural por la limitación a esa especulación que ha destruido paisajes como acabamos de ver en nuestro viaje. Todavía no ha llegado una avalancha de turistas que colme las expectativas de quienes trabajan en la hostelería y tampoco lo hará a lo largo de estas vacaciones. Si la crisis da al traste con tantos negocios y puestos de trabajo devuelve el equilibrio al uso que hacemos del paisaje.

Empezamos a recorrer el Parque en torno a las famosas playas comprendidas entre san José y el Cabo de Gata. Podemos acceder a la playa de los Genoveses por un sendero que parte de San José y continuarlo durante 13 km. hasta el Cabo. Este Parque ofrece múltiples senderos de longitud y duración diferente pero nosotros disponemos de sólo cuatro días escasos y alternaremos trayectos en coche con paseos.
Playa de los Genoveses
Nos acercamos en coche hasta la Playa de los Genoveses donde hay un aparcamiento que en este momento apenas está ocupado. Cuando preparas un viaje consultando páginas web u otro tipo de información te asaltan las imágenes de aquello que vas a ver y se corre el riesgo  de que el viaje se convierta en el cumplimiento de una serie de itinerarios en el que vas constatando la existencia de aquello que ya habías visto y de lo que vuelves a dar fe de su existencia con tu cámara fotográfica. Por eso últimamente me limito a leer procurando no quedarme con imágenes que condicionen mi vista y poder sorprenderme de lo que voy descubriendo.         

Recorremos la extensa playa de los Genoveses hasta el morrón que la limita y seguimos caminando por el Cerro de El Barronal recorrido por multitud de sendas. Elegimos caminar con vistas a los acantilados y a calas como la de su mismo nombre.
Playa de Monsul

Con el coche llegamos a la Playa de Monsul, escenario de muchas películas,  con su duna rampante y sus rocas en forma de ola. Continuamos hasta la Playa de la Media Luna. En este comienzo ventoso de la Semana Santa vivimos estas playas paseandolas y su belleza es tal que parece que esta sea la mejor forma de hacerlo. Me resulta difícil imaginarlas con olor a aceite solar y salpicadas de sombrillas.

Pasada la Cala Carbón nos vemos obligados a dejar el coche pues una valla nos impide el paso. Atrás hemos dejado numerosas calas nudistas.

Subimos andando 2 km. hasta la Torre Vigía de la vela Blanca atravesando el Barranco Negro y disfrutando  de las flores y matorrales que hacen que la primavera sea el mejor momento para este viaje.
Punta Colorada

En el alto acantilado del Cerro de la Vela Blanca, resto de un antiguo volcán submarino, disfrutamos hacia el N.E. de un perfil único por sus colores y formas conseguidas por la erosión del mar sobre los despeñaderos de lavas. Hacia el S.O. se recorta el Cabo de Gata y el Arrecife de las Sirenas en un contraluz que nos avisa de que la puesta de sol está próxima.

Cabo de Gata
En el Cerro  de la Vela Blanca otra valla impide cruzar a los coches que vengan desde el Cabo. Este trayecto cerrado al tráfico no presenta ningún peligro: es suficientemente ancho y el acantilado no es especialmente peligroso. Si podrán atravesarlo, al igual que todos los que permanecen cerrados al tráfico en el Parque, quienes contraten una excursión en todoterreno. Entiendo estas limitaciones al tráfico que son las que permiten que disfrutemos de un paisaje único y que dejaría de serlo con hileras de coches aparcados en los márgenes de la pista.

Quizá nos separen menos de 5 km. del Cabo. Se ha hecho tarde para continuar andando y si ahora queremos ir hasta el Cabo para contemplar la puesta de sol,tenemos que dar una vuelta de más de 35 km. volviendo a San José y dirigiéndonos hasta san Miguel de Cabo de Gata. Y habiendo leído acerca de lo espectacular de la puesta de sol en el Cabo, decidimos, temerariamente, hacer este trecho en una especie de carrera con el sol.
       
Cual turistas que siguen al pie de la letra las recomendaciones de un recorrido, desestimamos la posibilidad de quedarnos a contemplarla en la larga playa de Las Salinas y empezamos una subida suicida por una carretera de estrechas y cerradas curvas que van ganado altura sobre el acantilado. Solo me tranquiliza pensar que mientras el sol se está ocultando ningún otro turista descenderá por esta carretera.
Arrecife de las Sirenas
El sol nos ganó y al llegar arriba la contemplación del Arrecife de las Sirenas es la recompensa a esta absurda carrera. La imagen de la puesta de sol en el oleaje de la playa queda en mi memoria, pero es una foto perdida como tantas otras, en este y otros viajes. Y no lo vivo con la ansiedad del coleccionista de imágenes, sino con un sentimiento de  melancolía ante la fugacidad del momento a la que la fotografía nos enfrenta y que tantas veces experimento.
   
Más relajados descendemos la carretera con la intención de cenar en La Fabriquilla o La Almadraba de Monteleva, pequeños poblados junto al mar. Todo está cerrado. Se ven persianas bajadas en la mayoría de las casas. Parecen pueblos fantasmas que probablemente cobren vida los fines de semana o en verano.
       
Anochece y no podemos visitar la Albufera por falta de luz. Nuestra costumbre de cenar pronto hace que la luz suave de un chiringuito de madera situado en la playa- Chiringuito Chiribus- se nos ofrezca como una promesa de satisfacción inmediata. Y quizá por la necesidad de compensar la frustración por los locales que hemos encontrado cerrados y por las fotos perdidas, nos dejamos convencer de tomar una cena que rompe con nuestra habitual frugalidad a un precio caro como no volveremos a ver en toda la variada oferta de esta zona y sin tampoco satisfacernos gastronomicamente.

       
Atravesando los invernaderos que se extienden más allá de los límites del Parque, volvemos a nuestro económico hostal en El Pozo de los Frailes  que nos permitirá compensar este gasto inusual.



2ªPARTE:LOS ESCULLOS, LA ISLETA DEL MORO, RODALQUILAR, EL CORTIJO...

Asuntos familiares nos llevan durante la mañana de esta segunda jornada hasta Almerimar. No visitaba esta parte de la costa desde hace 21 años. Aguadulce se funde con Roquetas y los invernaderos han continuado su expansión.

               
Almerimar nació con la intención de ser una lujosa y exclusiva urbanización, un oasis en torno a un campo de golf. Ha vivido, como todo el país, el boom inmobiliario y el exceso de oferta de vivienda unido a la crisis económica ha democratizado su uso, como no lo hubieran imaginado quienes compraron y construyeron pensando ver a exquisitos jugadores de golf ingleses en primera línea de playa.

Playa del Esparto
Duna fósil en Los Escullos
Por la tarde emprendemos el recorrido desde El Pozo de los Frailes hacia el Norte del Parque haciendo nuestra primera parada en la Playa del Arco, bahía de los Escullos. Recorremos estas dunas fosilizadas de arena blanca en las que la erosión ha trabajado fantásticas formas. Seguimos caminando hasta las rocas de la Playa del Embarcadero o El Esparto donde las erosionadas y oscuras formas volcánicas contrastan con la blancura de los carbonatos de la Playa del Arco.

Estamos  de los dos conos volcánicos Los Frailes, los de mayor altitud del Parque, cuya silueta disfrutaremos plenamente desde la Isleta del Moro en el otro extremo de la Bahía.

Podemos llegar a la Isleta por un sendero. Optamos por acercarnos con el coche considerando que lo que veamos en el recorrido es lo que desde aquí divisamos y , al mismo tiempo, con la certeza de que cada opción que rechazamos lleva una visión de la realidad que, de haberla elegido, nos hubiera sorprendido.            
La Isleta del Moro
Los Frailes desde la Isleta del Moro
       
En La Isleta, pueblo de pescadores situado en un abanico aluvial disfrutamos del paisaje desde el mirador construido hacia el Sur del pueblo y desde el islote en el que anidan multitud de gaviotas.

 Sigiendo la carretera llegamos al Mirador de la Amatista desde el que dominamos los 20 km de calas y acantilados que hemos conocido desde nuestra llegada.

Mirador de la Amatista
La carretera abandona la costa y nos adentra en el Valle de Rodalquilar. Desde lo alto la vista es sorprendente. A medida que desciende la carretera, se va abriendo un valle circular resultado de dos calderas volcánicas. Hasta ahora los acantilados, los azules intensos del mar y el cielo habían sido la visión más sorprendente que teníamos del parque. Ahora se nos ofrece su interior montañoso donde los verdes de los cultivos en esta época del año se mezclan con los rojos de estas montañas mineras de las que se extrajo oro, plata y plomo hasta que se las consideró poco rentables. La carretera no me ofrece un lugar en el que parar y desde el que pueda fotografiar este anfiteatro cuya visión me ha cautivado.
Montañas mineras de Rodalquilar
Valle de Rodalquilar

 No entraba en mis planes el acercarme a las abandonadas instalaciones mineras pero la atracción que sentimos por el monte y en particular por el conocimiento de los minerales se impone y nos vemos recorriendo la pista que se adentra en la Sierra y cuando ya hayanos recorrido un trecho comprobaremos en el mapa que esa pista nos conduce hasta el Cortijo del Fraile.

De Rodalquilar al Cortijo del Fraile
A medida que se abren otros valles, aparecen campos en los que encontramos algún cultivo y por fin El cortijo del Fraile, en su mejor momento de luz, justo antes de que el sol deje de iluminarlo. Esta lugar fue el escenario de los hechos que inspiraron a García Lorca su obra Bodas de Sangre. Al posible  lector de este blog le recomiendo acceder al cortijo desde Rodalquilar en la hora del atardecer.
Hacia el Cortijo del Fraile

Volveremos a nuestro hostal siguiendo la carretera que atraviesa Los Albaricoques donde Sergio Leone rodó escenas de "La muerte tenía un precio".
Cortijo del Fraile

Ya anochece cuando nos acercamos al Pozo de los Frailes y las siluetas cónicas de estos montes se recortan en esta noche de luna llena. Escuchamos "Local Hero" y recordamos cuántas otras melodías podrían acompañarnos en este paisaje solitario.

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3ª PARTE: CALDERA DE MAJADA REDONDA, TORRE DE LOS LOBOS Y EL PLAYAZO


Esta tercera jornada es la primera y única en la que   permaneceremos todo el día en el Parque. El viento mantiene las nubes enganchadas en la Sierra y disfrutaremos de otro día de sol mientras en el resto del país algunos lloran ante la imposibilidad de sacar sus imágenes en procesión.

Palmitos en la subida a la Majada Redonda
Dedicamos la mañana a caminar pues vamos a recorrer el sendero que lleva hasta la Caldera volcánica de Maja Redonda, la más representativa y visible, cuyo recorrido se inicia cerca de donde nos alojamos.

Caldera de Majada Redonda
Tras andar 3/4 de hora por una rambla,  llegamos a un panel en el que se lee FINAL DE SENDERO. Aquí, al igual que en todos los lugares destacados del Parque,  hay paneles informativos que nos explican el fenómeno geológico que ha dado lugar al paisaje ante el que nos encontramos. Se anuncia que si seguimos adelante nos encontraremos en el centro de la caldera. Pues bien, aviso al posible lector interesado en hacer este recorrido que el cartel FINAL DE SENDERO  lleva a engaño, pues debe seguirse el camino para realmente contemplar la caldera y llegar al promontorio rocoso de lava solidificada que emerge en el centro lo que nos permite  entender y disfrutar este lugar.


En la tarde de la jornada anterior habíamos dejado la costa para adentrarnos en el valle de Rodalquilar. Esta tarde seguimos nuestro viaje hacia el norte. Puesto que tenemos que pasar por La Isleta, aprovechamos para hacer una parada. Tras pasar la población descendemos por una vereda para acercarnos a la resguardada Playa de los Toros en la que lo más destacado  es el contraste de arena y piedras volcánicas con la abundante vegetación que la rodea.

Nuevamente descendemos el valle de Rodalquilar y antes de llegar a su principal salida al mar, El Playazo, encontramos una indicación hacia la torre de los Lobos y la Cala Carnaje. Avanzando el camino, esta segunda indicación aparece borrada pero es fácil deducir cómo llegar hasta ella. No obstante, por lo limitado de nuestro tiempo, desestimamos la visita a esa cala de gran interés geológico hoy día cubierta por pesados cantos rodados, resto y testigo de la minería de los adoquines que se desarrolló en la primera mitad del S. XX.

Subida a la Torre de los Lobos
Una valla nos impide subir con el coche a la Torre de los Lobos, una de las torres vigía que junto con las fortalezas del S. XVIII, fueron construíidas para defender esta costa. Durante 3/4 de hora subimos hasta llegar al faro más alto de España. El viento nos trae todo el aroma de las variadas plantas aromáticas que cubren este camino hasta lo alto del cerro y nos empuja facilitándonos la pendiente subida. Y ya en lo alto, volvemos a divisar todo el escarpado y  volcánico perfil sur que ya hemos recorrido y hacia el Norte, una costa más baja en la que la acción del mar ha trabajado sobre los sedimentos marinos que coronan antiguos depósitos volcánicos. He hecho una toma de video semicircular que no puedo editar porque el  viento me impide mantenerme en equilibrio. Pretendía plasmar la profundidad y densidad de la Sierra.

Desde la Torre de los Lobos hacia el N.
Desde la Torre de los Lobos hacia el interior
La fuerte pendiente nos facilita el descenso al que el viento nos enfrenta.






Formaciones junto a El Playazo
El valle se abre naturalmente al mar y llegamos a El Playazo. Nuestro interés aquí es recorrer el sendero de "La Molata de las Negras" para conocer los acantilados sedimentarios. Este sendero que se inicia junto al castillo de San Ramón llega hasta la Cala Cuervo, pudiéndose seguir hasta el pueblo Las Negras y más allá. El panel nos informa de que la duración hasta esta primera cala es de 1 hora. Dispuestos a disfrutar de unas nuevas vistas llegamos hasta un cerro que se levanta por encima de Cala Cuervo y el camping La Caleta. Cuando desde aquí voy a fotografiar Las Negras compruebo que no tengo batería en la cámara y que la que daba por completamente cargada, no lo está. A esta hora en que comienza a atardecer decidimos dar la vuelta y tras haber recorrido el sendero, paseamos relajados por El Playazo descubriendo las fantásticas formaciones calizas, salpicadas de fósiles nacarados que habíamos ignorado al llegar. Nuevas fotos perdidas a lo que me resisto recurriendo a mi móvil, mientras a mi alrededor los miembros de una agrupación fotográfica extienden su trípodes y objetivos para llevarse estas imágenes que yo conservaré en mi memoria y mi teléfono.

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4º PARTE: LAS NEGRAS, MESA ROLDÁN, PLAYA DE LOS MUERTOS, CARBONERAS




El Arbardinal
Comenzamos el regreso. A medida que viajemos iremos recorriendo parte de lo que no hemos visitado todavía. Nos despedimos de El Pozo de los Frailes fotografiando su molino y su noria árabe restaurada, elementos vitales en la vida de estos áridos pueblos.

          
Atravesamos por última vez el Valle de Rodalquilar. Ya he descubierto dónde dejar el coche para poderlo fotografiar, aunque no conseguiré plasmar la impresión que he tenido cada vez que lo hemos recorrido. Aquí visitamos el jardín botánico El Arbardinal que nos permite poner nombre a toda la vegetación de la que hemos disfrutado durante el viaje.

Las Negras
Mesa Roldán
Para visitar el pequeño pueblo pesquero Las Negras abandonamos el valle hacia el oeste para volver luego a la costa. Desde Las Negras parte un sendero de más de 5 km. que por la costa lleva hasta la Cala San Pedro, pero nos separan 1000 km de nuestra casa y continuaremos en coche hasta el Faro de Mesa Roldán. Aquí si podemos llegar con coche pero elegimos la media hora de camino hasta el cerro donde queremos ver el arrecife coralino sobre un domo volcánico de 8´7 millones de años. Desde lo alto vemos la costa de Agua Amarga que nos es imposible visitar en este viaje.

Los Muertos
Sin mover el coche de donde lo hemos aparcado junto al punto de información nos dirigimos hacia el mirador sobre la Playa de Los Muertos, una de las más bonitas del Parque, y hasta la que llegar cuesta 15 minutos de descenso por senda.
          
Desde este mirador hacia la izquierda vemos la cementera de Carboneras y la central térmica unida a la desalinizadora . Entendemos que este impacto visual haya  dibujado un semicírculo en el trazado del Parque dejando el término de Carboneras fuera del mismo, pese al encanto de su playa y su paseo con los que decido terminar mi reportaje fotográfico negándome a incluir en el final del mismo la playa de El algarrobico que todavía conserva el hotel en litigio.
Playa de Carboneras

Se que volveremos al Cabo de Gata. Recorreremos otros senderos y llegaré a otras calas y si el tiempo lo permite podré bañarme en ese Mediterráneo turquesa, esmeralda y zafiro. Al llegar a casa leeré "Campos de Nijar" de Juan Goytisolo y veré de nuevo tantas películas rodadas en este paisaje.

Hasta ahora, mi canal en Youtube eran imágenes de viajes. Por primera vez he puesto palabras que expresan parte del sentimiento de esas imágenes. Pero la preparación de un viaje requiere conocimiento. Por eso adjunto estas direcciones de páginas que me ayudaron a entender lo que después he visto y recorrido:

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martes, 28 de febrero de 2012

EXPOSICIONES EN MADRID II.

     En esta nueva escapada es nuevamente el museo Thyssen el primer destino de mi recorrido. Dejo el autobús en Avenida de América donde cojo la línea 4 de metro. Ya han dado las once en esta luminosa mañana de domingo. Junto a mí, un grupo de tres amigas de edad avanzada, provenientes del barrio de Salamanca, planifican su visita a las iglesias con más solera de Madrid. Impecable peinado en dos de ellas, una combina una chaqueta de leopardo con leggins negros. El traje completo hubiera sido excesivo para la ocasión, opina. Otra, viste bailarinas azules, medias violetas que combinan con el estampado morado de cheviot de lo que supongo un vestido de seda, al que le ha dado un toque más informal con un foulard igualmente morado y "muy especial". La tercera, clásico corte de pelo "a lo chico", mocasines y trenca azul, asiste silenciosa al despliegue de conocimientos que sus compañeras poseen sobre los tesoros que encierran las iglesias de los barrios más castizos de Madrid.

         En la línea  2, que me dejará en Banco de España, hay gran presencia de inmigrantes latinoamericanos y turistas nórdicos. Un acordeonista nos ameniza el trayecto con un tango.

          He ido al museo Thyssen para ver la obra de Chagall, pintor que conocía muy superficialmente. He decidido regalarme una audioguía, ser espléndida conmigo misma, que la semana ha sido dura y creo merecerlo. En el mostrador, un plácido joven, quizá cubano, recoge y despacha las audioguías con una calma y elegancia de movimientos que irrita a las jóvenes treintañeras que detrás de mí esperan a adquirir las suyas y que temen no entrar a la exposición a la hora reservada. Reconozco que la excitación previa a estas exposiciones puede alterar el ánimo  a estas jóvenes que expresan, entre ellas, su interés por ver y también aprender algo y acceden  a alquilar otra para su niña de unos 6 años que algo aprenderá también.

          A esta hora la exposición cuenta con muchos visitantes y me llama especialmente la atención el numeroso grupo de niños acompañados por sus padres, algunos de ellos muy ruidosos. A pesar de ello consigo hacer una visita relajada que continuo en la Sala de las Alhajas, esta vez disfrutando de toda la iluminación que la obra de Chagall merece. Es la hora de comer en este país y la visita es tranquila.

          Creo haber entendido y disfrutado esta obra y me quedo especialmente cautivada por los trabajos de ilustración para libros como el dedicado al circo, la Biblia, Las mil y una noches, Fábulas...

          En la Plaza de Sta. Ana espero la llegada de mi hijo para ver el musical Follies del que Marcos Ordóñez ha hecho una crítica elogiosa en El País, totalmente justa con lo que este espectáculo merece. Hasta entonces disfruto del sol de esta tarde, rodeada de turistas ingleses, olor a albóndigas y paella, y con flamenco en directo.

          Satisfechos del musical, hacemos un pequeño recorrido por tabernas centenarias: La Venencia, en la calle Echegaray, bodega famosa por sus vinos andaluces y salazones que me trae recuerdos de las bodegas visitadas en mi infancia, y Casa Labra en la calle Tetuán, con sus fritos de bacalao en el mismo edificio en que Pablo Iglesia fundó en la clandestinidad el Partido Socialista Obrero Español.

       El lunes cojo el cercanías en Leganés. Atravieso el campus de la Universidad Carlos III perfectamente integrado en esta ciudad. De camino, me cruzo con riadas de jóvenes estudiantes cargando con los recortes presupuestarios en sus mochilas. No translucen sus caras la angustia por la incertidumbre de su futuro laboral. De momento esperarán los resultados del primer cuatrimestre y con mayor o menor entusiasmo afrontarán el segundo. Quizá sus padres se estén preparando anímica y económicamente para recibirles de nuevo en casa con un título brillante y sin salida o para despedirles cálidamente antes de su destino en Laponia. 

          Atravesamos Zarzaquemada, Villaverde Alto, Puente Alcocer, Orcasitas... EL sol viste de fiesta las fachadas de las barriadas que atraviesa este recorrido. Detrás se esconde el drama del paro, los ERES, la falta de crédito, la ley de despido....

          La mayoría de las mujeres que viajan en este tren leen. Unos y otras viajan reconcentrados, silenciosos, sin transmitir ninguna agitación. Al llegar a la estación de Atocha todos parecen impelidos por una extraordinaria fuerza interior hacia las estrechas escaleras metálicas que, abarrotadas, les llevarán seguramente a estresantes destinos, muy alejados del placer que yo encontraré en el Museo del Prado.

         Son las 9:40 y en la Puerta de Goya ya se han formado colas para entrar en el Museo. A mi derecha dos parejas se saludan asombradas de su encuentro en Madrid. A mi izquierda se reconocen grupos de viajeros procedentes de Granada. "Pues me acabo de encontrar con unos de Churriana. ¿Quién? Sabes el hijo del que trabaja en el banco...." Y se ponen al día de su salud, tiempo libre, matrimonios de los hijos...  Y frente al Hotel Ritz y la estatua de Goya esta plaza se convierte en una pequeña plaza de provincias a la que han llegado visitantes de otros continentes y de todas las edades. ¿De todas? No, hoy no hay niños. Hoy es día de escuela.

         De un autobús desciendes alborozadas un grupo de señoras de la tercera edad y tras ellas llega otro del que, bajo la cuidadosa mirada de sus profesores,descienden ¡por fin!, los escolares, que van emparejándose disciplinadamente y ponen una nota de luz y color en este variopinto grupo humano.

          A las 10:15 soy una de las pocas personas que reciben la serena mirada de la "Gioconda del Prado". Me emociono como creo que no me hubiera sucedido delante del original de Leonardo. Supongo que la vigilante que la custodia asistirá imperturbable a un amplio reflejo de emociones que nos convierte a los visitantes, ya desde el momento en  que esperamos a acceder al Museo, en objetos de observación y estudio, tan interesantes como muchas obras catalogadas. Echo en falta mi cámara de fotos, pero el pudor y las normas del Museo me impedirán fotografiar este grupo del que formo parte: los consumidores de arte.

          Vi en octubre la exposición de fotografía de Francesco Jodice, homenaje a los visitantes del Prado, a su variedad humana, social, étnica, de edad y sexo... Sus sujetos parecían posar para la foto. La mirada auténtica del visitante sólo la recoge el cuadro: ahora Mona Lisa y su vigilante.        


 Visito "El vino de la fiesta de San Martín", recientemente expuesto tras su restauración. Disfruto del cuadro y me siento identificada con el grupo que acude en masa a por ese vino que se le ofrece para alegrarle la vida. Hoy día es más variada y sutil la oferta que se nos ofrece a las masas para" ir tirando"

          A las 12:30 me acerco a ver la evolución de los grupos frente al cuadro estrella en estos momentos. Hay más de cinco filas frente a ella. Y llega el grupo de disciplinados niños. Sus profesores, jóvenes y prudentes los colocan al final. Los niños no muestran inquietud por la imposibilidad de ver. Y con la determinación propia de una directora de colegio animo a los grandes visitantes a que dejen pasar a estos otros bajitos  que a nadie impedirán la visión. Amablemente se retiran los grandes adultos y los niños pasan a primera fila. Me despide la mirada interrogante de uno de los niños. 

          ¿Responderán los futuros planes educativos a la labor de formación artística que tantos padres, profesores de educación infantil, primaria y museos están haciendo hoy día?. Me temo que no y que los futuros ESOS y bachilleres irán perdiendo progresivamente la formación humanística en favor de una especialización y pragmatismo frente a los que fracasarán todas las expectativas de estos profesionales. Interesan generaciones consumistas y adocenadas. Démosles entonces "El vino de la fiesta de San Martín".

          Decido salir del Museo. Necesito descansar antes de acceder a las 14:15 a la muestra del Hermitage en el Prado. Previamente me he acercado a la cafetería moderna y cara en la que ningún turista encontrará un bocadillo de tortilla de patata y como yo soy turista, me comeré "el mejor bocadillo de clamares de Madrid" en El Brillante, frente a Atocha.

          Por fin he visto obras maestras del Hermitage en el Prado. He disfrutado de mi recién descubierto Bellotto, Rembrandt, Tizziano, Caravaggio, Picasso, Matisse, Halls... Al final contemplo la última parte de la exposición acompañada por una conversación en un móvil, de más de 10 minutos de duración, en la que un caballero da instrucciones de como poner a cero el cuenta kilómetros de un coche, en alta voz e imperturbable ante mi mirada. Me quejo a la funcionaria vigilante que me contesta que no está prohibido hablar por teléfono en la sala. ¿Quién enseñará a los niños a guardar silencio en un museo?

          En el viaje de regreso pongo en orden este montón de recuerdos e imágenes que no quiero que el olvido me borre. Después sigo leyendo "Partes de guerra" la recopilación de relatos hecha por I. Mtnez. de Pisón sobre la guerra de España cuando MADRID NO ERA UNA FIESTA.

martes, 17 de enero de 2012

EXPOSICIONES EN MADRID

Soy lectora fiel del suplemento cultural Babelia. Vivo en un pueblo lejos de todos los acontecimientos culturales que allí se publicitan y siento una abismal diferencia con la realidad que me rodea.

En muchas ocasiones hemos hecho viajes familiares o de pareja con estancia en ciudades a las que nos llevaba la visita a un museo o una exposición. Pero desde hace un año hago escapadas de un día a Madrid, lo que si bien puede parecer fatigoso, me resulta económico y sobre todo muy gratificante.

Y la lectura de las buenas críticas sobre la exposición "La caballería roja" en La Casa Encendida y que finalizaba el 15 de enero, acaba de llevarme una vez más a Madrid donde visité anteriormente la dedicada a Alexander Deineka en la Fundación Juan March, considerando una oportunidad única disfrutar de una visión tan completa del periodo del arte ruso comprendido entre la Revolución y el periodo Stalinista. Muy buenas exposiciones, gratuitas y sin necesidad de reservas.

Pienso aprovechar este viaje y visitar la colección "El Hermitage en el Prado". ¡Suficiente contenido para una de estas escapadas! Cuál es mi sorpresa cuando al intentar adquirir anticipadamente las entradas a través de Internet, compruebo que están completos todos los fines de semana hasta marzo. ¡Me encanta este país!

Recuerdo entonces que "Arquitecturas pintadas", en el museo Thyssen, acaba el 22 de enero. ¡¡¡Aquí sí tengo entradas!!!

Los dos días anteriores a mi escapada los paso con la preocupación de no tener tiempo para todo ello. Llevo información de la duracción aproximada de cada una de las visitas. Esperemos que el autobús no se demore, que la comida no se prolongue ni el metro se retrase.

El sábado salgo a Madrid en el autobús de las 7:30. Volveré en el de las 19:30. Dispongo de 8 h15'.

Paso todo el viaje leyendo y a las 11:05, diez minutos antes de lo previsto, llego a Madrid. A las 11:30 entro con mi hijo  en la exposición del museo Thyssen.

De camino, me ha preocupado que la ansiedad por aprovechar el tiempo me impida disfrutar relajadamente  de la pintura. Sin embargo, cuando entro en la primera sala, con escasos visitantes, la delicadeza y el equilibrio de las obras del Treccento me permite disfrutar de ese momento y olvidar todos los planes hechos para el resto del día, y a medida que avanzo por las salas,  la belleza de esos cuadros se me impone de tal manera, que el Arte Soviético, primer motor de mi viaje va perdiendo interés.

Nuestra visita es pausada y me relajo ante las perspectivas pintadas, dentro de ese espacio buscado y logrado, entre túneles de arcos y columnas, calles, atmósferas palpables, color y luz. Van pasando sucesivos siglos entre lo que allí vemos. Frente a algunos cuadros siento un poder hipnótico que me da una gran paz. Recuerdo las recientes palabra de Almudena Grandes respecto a los que, cada cierto tiempo, necesitan acudir al Prado como quien recibe un bálsamo. Es esa necesidad la que me trae hasta aquí.

Y como en todas las exposiciones, compruebo cuánto desconozco y me admiro ante esas mujeres que siempre encuentro, que ya han superado los 60 años, con una exquisita formación que aprecio al detenerme junto a ellas y a las que imagino formándose en una época en la que no era tan habitual el acceso a la Universidad.

Disfruto de la exposición y de mi hijo, de su capacidad para captar el detalle, de su memoria y su sensibilidad.

Cuando salimos, una pareja mayor, orgullosa de su poder adquisitivo, comenta al entrar: "Como aquí es de pago, será más entretenida.".

Tenemos una reserva para comer en un restaurante hindú de la calle Sta. Isabel. No nos pueden servir el menú anunciado en su página web. Se nos ofrece un menú más caro en el que tendremos un descuento por ser Año Nuevo. Nos tratan con mucha cordialidad y nos obsequian con diferentes detalles, pero sobre todo, comemos  bien.

A nuestro lado una joven pareja come mientras cada uno de ellos maneja su ordenador portátil. No han hablado durante la comida. ¡Están conectados a Facebook!

Al salir, los edificios de la calle Sta. Isabel están bañados de una luz que luego encontraré en algunos cuadros de la segunda parte de la exposición. Casas de poca altura, árboles todavía con hojas del color de las fachadas. Me gusta este Madrid que conserva su aire de ciudad de provincias, sin pretensiones y con grandes contrastes, a pocos minutos de una de las mayores concentraciones de arte de Europa.

Y llegamos a La Casa Encendida donde vemos "La caballería roja". Me había informado de la duración aproximada, una hora, y recordaba haber leído que "un paseo de 40 minutos por La Casa Encendida nos acercará a este periodo....". Esta exposición que terminó el 15 de enero tenía un planteamiento exhaustivo lo que merece una lectura atenta de toda la información escrita que acompaña los documentos gráficos expuestos.

Una visitante fotografía todos los textos escritos en las paredes y los elementos de la exposición.¡Quizá disponga de poco tiempo como yo o esté documentando una clase magistral!
Es un lujo disfrutar de estas exposiciones gratuitamente. Como el tiempo calculado no corresponde a lo que se necesita, optamos por acabar con una vista más rápida, lo que habiendo visto la exposición de Deineka no nos defrauda.

Quisiera tener más tiempo y caminar hasta la Casa de las Alhajas, segunda parte de la exposición del Thyssen, recorriendo las calles de Lavapiés hasta ese centro de Madrid. La falta de tiempo me obliga a coger el metro del que saldremos en la estación de Sol entre riadas de gente. Madrid está de rebajas y las calles cercanas a la Puerta del Sol y la Gran Vía son un enjambre humano.

Hace frío y al entrar en la Casa de las Alhajas se percibe un vaho cálido. En ese momento la luz es tenue en el interior, demasiado para la iluminación de estos cuadros que aparecen como empolvados. Esta parte de la exposición es gratuita. Son las 17:30 y hay mucha gente. Grupos de amigas y parejas de cierta edad buscan en los cuadros aquellos monumentos que visitaron al viajar a Roma, Florencia, Nápoles o Venecia. No hay silencio pero seguimos disfrutando. Y mi hijo lleva mi atención a un cuadro pintado por Bellotto, pintor que desconocía, como a tantos otros. Y acabo recorriendo de nuevo las salas, buscando sus cuadros y disfrutando de su luz. ¡La luz de la calle Sta. Isabel!

Y esta vez no me despido de mi hijo en el metro. Me despido en la sala y quizá por estar rodeada de tanta belleza me emociono como hacía tiempo no me sucedía.
En la estación de Avenida de América somos muchos los pasajeros que esperamos el autobús. Pienso que todos volvemos de Madrid o que Madrid habrá sido, para algunos, lugar de paso en este país  para buscar un posible destino.

Un padre de familia sentado a mis espaldas celebra durante el viaje "esta excursión que hemos hecho a Madrid". Los niños están callados, quizá cansados. Los padres expresan su alegría por los museos visitados y que no conocían. La película Valor de Ley que proyectan durante el viaje no le parece adecuada para niños a este padre de familia. Pide la opinión de sus hijos pero ellos siguen callando.

Mi compañero de asiento ha llegado cargado con un instrumento musical. Trastea con su móvil y también calla durante todo el viaje.