domingo, 9 de septiembre de 2012

VIAJE A LETONIA: DE RUNDALE AL CABO KOLKA


http://youtu.be/kfiWCwnd_1Q

Carretera en el P.N. de Slitere
 
El Palacio de Rundale es contemplado como de visita inexcusable en todos los artículos turísticos sobre Letonia. He tenido muchas dudas al elegirlo, pues nos suponía un largo desplazamiento desde Cesis, y digo largo no por la gran distancia en kilómetros, sino por su duración, debido a las estrictas limitaciones de velocidad de este país. Solamente una vez, en un tramo de la autovía próximo a Riga hemos visto una señal limitando a 100 km/h. La limitación máxima habitual es de 90 km/h. por lo que como tiene que ser así, estas señales no aparecen en la carretera, como tampoco aparecen las que limitan a 50 km/h. en los tramos de carretera que corresponden a un municipio y que debido al hábitat disperso pueden ser muy extensos, debiendo estar muy atento al rótulo que informa del municipio y del final del mismo o al GPS del coche quien disponga de él. Sorprendentemente, a veces aparece una señal que limita a 70 km/h., pero nunca la que pone fin a esa limitación. Ya habíamos viajado por Estonia con esa continua limitación de velocidad acompañados de la emisora de radio clásica del país, lo que convertía esta experiencia de circular lentamente en carreteras de poco tráfico en parte de la relajación de las vacaciones. Y también esta vez la música nos acompaña todo el viaje. Otros se tumban en la playa..., muchos necesitarán hacer acopio de Bromazepán para hacer frente al otoño que se nos viene encima.

Palacio de Rundale

A las dudas respecto a la distancia a Rundale, se unía el hecho de ser un palacio, que si bien fue construido por Bartolomé Rastrelli, arquitecto del Palacio de invierno de San Petersburgo, es otro palacio más en esa moda de imitación Versallesca de las aristocracias europeas a lo largo de los siglos.

Jardín de Rundale
Pero tener una visión completa de las épocas históricas de Letonia y su arquitectura lo justificaban, por lo que al fin lo visitamos disfrutando de su exquisita restauración y a estas alturas de nuestra vida los afanes revolucionarios están tan controlados, que salimos de la visita impasibles, como asistimos impasibles, solo cabreados, a los impunes desmanes bancarios de nuestro país, al progresivo deterioro del estado de bienestar y a la pérdida de importantes conquistas sociales en España. Desde nuestro retroceso vamos contemplando el pasado.

Después de los luminosos días de que hemos disfrutado en Gauja, ha entrado un frente y el viaje hasta Rundale es gris. Alejados de la "joyita" del P.N. de Gauja, nos adentramos en el país conociendo otro paisaje y otra realidad económica. Hemos parado en Salaspils donde nos llaman nuestra atención las barriadas de bloques de vivienda de la época soviética en mal estado de conservación. En muchas otras localidades iremos viendo cómo se está tratando de remozar estas grises viviendas, cubriendo sus fachadas con bloques de color y en barrios más pudientes, incluso con elegante madera negra. Pero todavía hay grandes diferencias sociales y económicas. 

En Salaspils y tantos lugares.
En este día casi lluvioso Salaspils y sus viviendas me producen una gran tristeza y más tarde recordaré que aquí estuvo el campo de concentración nazi donde fueron exterminados 45.000 judíos de Letonia y 55.000 pertenecientes a otras comunidades y países ocupados, hoy recordado por un monumento conmemorativo. Había decidido no hacer objeto de visita turística un lugar en el que el sufrimiento fue la realidad. He estado cerca y he sentido tristeza.


Anochecer en el Golfo de Riga
Tras la visita a Rundale y Bauska hemos emprendido camino hacia el Norte. He elegido Jurmala y poder pasar una tarde disfrutando del mar al anochecer. Jurmala es  un destino de vacaciones en la playa, en el que a lo largo de 20 km. de costa arenosa se extienden 12 pequeños municipios, siendo los más concurridos Bulduri, Dzintari, Majori y Dubulti. Pasamos una noche en un pequeño hotel situado en Majori fiel en su  arquitectura al estilo de casas del s.XIX que son el motivo que nos ha traído hasta aquí.


Tras un fuerte aguacero la luz no me permite hacer buenas fotografías, pero paseamos por estas calles buscando mansiones que fueron residencia de escritores, cineastas...

Casa de Baños en Majori
La playa está bordeada de pinos y desde ella no se divisan estos edificios de madera construíidos en una retícula de calles paralelas y transversales, situadas en lo que era un bosque sobre pequeñas dunas, salvo el visible y representativo antiguo balneario de gran belleza y un nuevo hotel, que a modo de nuestro Algarrobico ha invadido la costa, en lo que quizá se valore como un signo de prosperidad occidental.



Fuente de agua sulfurosa en Kemeri
En nuestro penúltimo día de viaje comenzamos visitando Kemeri, al oeste de Jurmala, sede de un antiguo balneario rodeado por un decadente parque por el que paseando podemos enlazar con los senderos del P.N. de Kemeri.  En el Parque nacional disfrutamos de una naturaleza que ya habíamos conocido en Estonia: bosque, lagos, humedales y ciénagas. Es un importante punto de observación de aves, especialmente en otoño y primavera, momento de la emigración. Actualmente el sendero entarimado que permite el acceso a la ciénaga está en reparación.


Faro interior de Slitere
El destino de nuestra última noche es el cabo Kolka. Desde el inicio de la preparación del viaje tuve claro este destino, al Norte de Curlandia y punto de confluencia de las aguas del mar Báltico y el golfo de Riga. Estar nuevamente en el mar en la puesta de sol nos lleva a hacer noche en una casita de madera en un camping de Kosrags en el P.N. de Slítere.




La costa en Kosrags
Siempre había imaginado la ruta desde Kemeri hasta Kolka bordeando la costa oriental de Curlandia, lo que nos permitiría parar en algún pueblo de pescadores, en el lago Engure y sobre todo en la duna de Purciems, desde donde tener una vista elevada sobre el Cabo. Pero el navegador no lee mi pensamiento y al haberle puesto como punto de destino, nuestro destino en Kosrags donde nos alojaremos, nos lleva por el interior. Mi compañero y conductor está cansado y optamos por continuar sin rectificar. Me enfado conmigo misma y cuando llegamos a la ventosa costa de Slïtere, la recorro a toda velocidad, a favor y en contra del viento, oponiéndome a su resistencia para descargar mi tonta frustración.

En Lüzna
Desde el interior del faro de Slïtere se aprecia la compacta masa de este bosque, el más antiguo de Letonia, con una gran variedad de fauna como Alces, venados, castores... Los pueblos, conjuntos de casas dispersas donde quedan algunos pescadores, están separados de la costa virgen por arboladas dunas atravesadas por senderos. Se puede ir de pueblo a pueblo caminado por estos senderos y volver por la costa, haciendo recorridos circulares que han de tener en cuenta la dirección del viento marino -una fuerte experiencia- antes de comenzar el recorrido.

Puente en Kuldiga
Y emprendemos el regreso. Vamos camino de Kuldïga, último pueblo que visitamos y hemos elegido la carretera costera hacia Ventspils. Nuevamente la gran experiencia de conducir en carreteras solitarias. Estos lentos tramos me permiten reposar toda la información conseguida en el viaje. Se van asentando las imágenes y recuerdos mientras en los bosques que bordean la carretera los vecinos de estas aldeas recogen setas y frutos silvestres. Veremos a lo largo de la carretera a ancianos y ancianas con sus botecillos tratando de vender su cosecha.

Antigua casa en Kuldiga

Kuldïga, a la que ya aludí al hablar de Cesis, es nuestro último destino si bien en el montaje de vídeo he preferido acabar con el atardecer en el Cabo Kolka. No he incluido imágenes de Kuldïga en el vídeo por no alargar su duración, pues aunque Youtube nos permita más tiempo, el resultado puede ser pesado.
Tras la visita a esta encantadora pequeña ciudad y volver nuevamente a Riga, desde donde volaremos, vivimos palpablemente las grandes diferencias de este país.
Canal en Kuldiga
La casa del guarda del castillo en Kuldiga

Imagino encontrar en el aeropuerto una fila de compatriotas bulliciosos una vez cumplidas las expectativas de las vacaciones, pero para mi sorpresa la mayoría son ciudadanos lituanos. Había olvidado que mi país, España, es un famoso y soleado destino turístico. Quizás muchos de ellos estén regresando a esa nación a la que la crisis económica de Letonia les llevó a emigrar.

Es ahora cuando ha terminado mi viaje. He recordado paisajes, monumentos... Recuerdo también el agradable trato de las personas que he conocido. Dejé para la vuelta la lectura de un libro que sabía sería una experiencia muy dura. Se trata de "El libro negro" de Vasili Grossman donde se narra el exterminio de tantos pueblos y fundamentalmente del pueblo judío durante la segunda guerra mundial. La experiencia humana en este viaje ha sido cálida  y cuando esto sucede vamos adoptando países a medida que viajamos. Conocerles mejor, incluso en sus momentos más oscuros, es  lo que seguirá a este viaje






 Acerca del Parque natural Kemeri:
www.daba.gov.lv/eng

Visitar Kurzeme (Oeste de Letonia)
www.kurzeme.lv

lunes, 3 de septiembre de 2012

VIAJE A LETONIA: PARQUE NATURAL DE DE GAUJA

http://youtu.be/04-jkg-ql2E

Dejamos Riga camino del Parque Nacional de Gauja, a unos 50 km. de la capital. Como en el trayecto desde el aeropuerto, vuelven a aparecer esos barrios de uniformes bloques soviéticos y tras ellos, nos incorporamos a uno de los escasos tramos de autovía en este país.

Valle del río Gauja
Dejar la ciudad, que tras pasadas las fiestas ha recuperado su denso tráfico, para ir hacia la Naturaleza no es un tránsito difícil para nosotros que, desde el medio rural en el que vivimos, la estamos disfrutando habitualmente..

Vamos hacia este Parque publicitado como la Suiza Letona, con las expectativas de encontrar un medio natural diferente, cargado de historia al mismo tiempo. Barones germanos y aristócratas rusos lo eligieron como sede para sus mansiones. Ofrece en sí suficientes atractivos para convertirse en destino de unas vacaciones. Nosotros pasaremos aquí dos activos días.

Inscripciones en Gutmanis
Este valle, excavado por el agua glacial, está recorrido por el río Gauja y sus afluentes en un lento transcurrir, en la mayor parte de su curso, que dibuja amplios meandros y en el que la mejor forma de disfrutarlo es recorrerlo en canoa. Pero también acercándonos a sus orillas, después de atravesar tramos de espeso bosque mixto, podemos disfrutar de los afloramientos de arenisca que forman acantilados rojizos expectáculares, si no por su altura -estamos en un país llano, a veces por debajo del nivel del mar- sí por su color y el contraste con la masa verde de los árboles que lo inunda todo. Hemos visitado Ergu Klintis, Zvartes Klintis, Kuku Klintis y la cueva de Gütmanis, cueva llena de historias y leyendas, como tantos de estos parajes, y completamente grabada con inscripciones que se remontan al S.XVII cuando los nobles encargaban a artesanos la labor que hoy harían nuestros grafiteros.

Zvartes Klintis
En invierno el valle ofrece la posibilidad de practicar el esquí. En este momento, se puede pescar, remar o caminar por los numerosos senderos, de distinta longitud, que se pueden recorrer fundamentalmente en torno a Sigulda, Ligatne o Cesis, siempre entre bosques y junto al río.

Kuku Klintis
El centro principal de visitantes se halla en Sigulda, pero también encontramos centros de información en las localidades de Ligatne, Cesis, Valmiera... y en hitos naturales tan destacados como Zvartes Klintis o La cueva de Gütmanis. El mapa turístico de esta zona nos ofrece todas las posibilidades de acercarnos a sus monumentos históricos o naturales, facilitándonos, para todo lugar allí reseñado, sus coordenadas geográficas, con lo que llevando un GPS se accede a cualquier sitio sin dificultad. También la web oficial de turismo ofrece las coordenadas de todos los lugares que allí aparecen: monumentos, espacios naturales, hoteles...

Fortaleza de Araisi

El PN de Gauja, habitado desde el 2000 A.C.  reúne gran cantidad de restos históricos que nos acercan al complejo pasado de Letonia. En Araisi encontramos la reconstrucción de un poblado del S.IX fortificado en madera y construído sobre una pequeña isla.

El castillo de Turaida, construido en 1214, es el más significativo y nos informa de la historia del estado Livonio entre 1319 y 1561. Junto con los antiguos castillos de Krimulda, Sigulda y Cesis, tiene su origen  en fortificaciones de madera autóctonas sobre las que se erigen los primeros castillos de piedra con la llegada de los cruzados germanos, convirtiéndose en sede de los caballeros Livonios. Posteriormente serían testigo de la azarosa historia por la que estos territorios serían disputados por polacos, suecos, alemanes, rusos..., pasando de mano en mano tras sucesivas guerras.

Antiguo castillo de Cesis
El castillo de Cesis, pequeña ciudad en la que nos alojamos dos noches, es un escenario romántico en el que junto a las ruinas del castillo medieval, encontramos un bellísimo parque público de 1812. Hemos elegido esta ciudad por haber leído acerca de su encanto. Cesis es un núcleo de población construido en torno a su castillo y su iglesia que conserva su trazado medieval junto con edificios del S.XVIII y XIX. Hoy día es centro turístico y ciudad balneario. Observo en esta ciudad, como en la igualmente valorada Kúldiga, situada en el centro de la península de Curlandia y que visitamos en la etapa final de nuestro viaje, la belleza de la decadencia, los tremendos contrastes de castillos y parques maravillosos junto a casas vacías y desconchadas, calles sin pavimentar..., fruto de una progresiva despoblación rural. Estamos visitando lo que todavía pervive, antes de que la economía supranacional uniformice todos nuestros paisajes europeos. Esta visión de turista romántica chocará con la de quienes han emigrado de Letonia a lo largo de diferentes épocas y más recientemente a raíz de las profundas crisis económicas de 2008 y 2009. Letonia ha sufrido grandes pérdidas de población, purgas, deportaciones,ciudadanos huidos durante la 2ª GM y recientemente, la emigración.

Una calle en Sigulda

Aparte de este núcleo, la población en esta zona es sumamente dispersa. Latgale y, sobre todo Sigulda, no son ciudades con parque, sino  ciudades en un parque. Ya en el S.XIX se produjo un gran éxodo rural cuando los campesinos consiguieron emanciparse de su condición de siervos. Posteriormente, tras la destrucción de la 2ª GM, apenas hubo reconstrucción.


Straupe

Forma parte de la relajación de las vacaciones el dejarse llevar por mi compañero y conductor y admirar continuamente esos verdes, esa luz, esas granjas..., esa calidad de vida que permite a los padres circular tranquilamente en bicicleta con sus hijos por inmensos parques, aunque a la calzada contigua no le haya llegado todavía el momento de su reparación. Siempre, el olor a madera y hierba recién segada.

Cesis

Y llega el momento de despedirnos de nuestro hijo. Vamos a Valmiera donde tiene parada el autobús que hace la línea Riga - Tartu (en Estonia). Hemos localizado su parada en esta ciudad. En la calle Karla Baumana hay una marquesina donde hará su parada. No esperamos encontrar allí a nadie que a las nueve de la noche vaya a continuar esa ruta. Pero arrebujada contra su mochila, encontramos a una joven estadounidense que inició su viaje en Pekin, cruzó Asia y Rusia  con el Transiberiano y ahora recorre los Países Bálticos.

Ha refrescado tanto que esperamos dentro del coche al autobús que llega con media hora de retraso. En frente, bloques de la época de Kruschev y en la emisora de radio clásica que llevamos sintonizada todo el viaje, suena el Adagietto de la 5ª Sinfonía de Mahler.




 Espacios naturales de interés en torno a Cesis:


viernes, 31 de agosto de 2012

VIAJE A LETONIA: 1ª PARTE. RIGA

 http://youtu.be/tP9EyYynFcU

Un viaje a Riga era una de las posibilidades que desde hacía algún tiempo nos planteábamos al planificar las vacaciones de Semana Santa. Suponía conocer esa capital de la que tan elogiosamente habíamos oído hablar, al igual que de su vecina Tallin, desde que las Repúblicas Bálticas se independizaron de la URSS y, desde allí, emprender una visita fugaz a Estonia para reunirnos brevemente con nuestro hijo. Pero todos los años apertábamos esta idea por el elevado precio del viaje en aquellas fechas para tan sólo cuatro días disponibles. Este año ha sido, por fin, el destino de nuestras vacaciones de verano, pudiendo disponer de siete días para conocer, no sólo la capital, sino parte del país, y convirtiéndose el viaje en motivo de reencuentro con nuestro hijo.

Recuerdo el comienzo de la planificación del viaje como una mezcla de ilusión e incertidumbre: hemos de decidir qué ver, cuánto tiempo estar en cada destino. En ese momento sólo conozco parte de la historia de ese país, la dolorosa época comprendida entre el alzamiento del nazismo y su independencia de la URSS; he leído artículos sobre sus conflictos, todavía latentes, por reconocer la nacionalidad a residentes rusos, asentados tras la ocupación soviética o a sus descendientes, que se extiende al reconocimiento del ruso como lengua cooficial y que es rechazado por una mayoría de ciudadanos..., he oído hablar de la belleza de su capital, de la importante presencia del estilo ART NOUVEAU en sus calles y.... poco más.

Echo mano de la carpeta donde guardo las publicaciones de artículos de viajes sobre aquellos lugares que me gustaría visitar y que cada vez abro con la certeza de cuántos se quedarán en un mero sueño, pues la posibilidad de viajar tras una jubilación que veía cercana, se va alejando cada día más y con ello, los destinos guardados en la carpeta de viajes. Encuentro artículos sobre Riga y sobre los planos de Google Maps empiezan a existir para mí la playa de Jurmala, el Parque natural de Gauja, castillos, ciudades medievales..., nombres que creo no seré capaz de recordar. Sé, por otro lado, que a medida que avance en la preparación del viaje, me familiarizaré con ellos  y que al fin, sobre lo que ahora son líneas en el plano, se levantará ante nosotros una realidad de la que formaremos parte, tanto más, cuanto más hayamos trabajado por conocerla.

En algún momento atravieso la preparación el viaje con desánimo. Busco en Internet experiencias de viajeros y tiemblo ante los relatos de una mayoría de ciudadanos  británicos. Imagino que no provocaremos ni protagonizaremos situaciones semejantes. Me acerco al país a través de la literatura y leo Los perros de Riga de Henning Mankell, que narra un momento crucial, previo a la conquista su independencia de la URSS en una gris y fría ciudad, que no corresponde con la visión que El País quiere ofrecerme hoy a través de su brillante e interactiva web oficial de turismo. Pero he de decir no a muchas propuestas pues sólo tenemos siete días. ¡Elegir!

Puente del ferrocarril sobre el río Daugava en Riga
Desde el escaparate de la agencia de viajes cercana, el anuncio de "Tahití y sus islas" me recuerda diariamente otras posibilidades de viaje en las que abandonarme en manos de quien elija por mí destinos, hoteles, restaurantes... El periódico me bombardea con las promociones de cruceros cada día más baratos, sus "todo incluido"....

Las cálidas respuestas a mis primeros correos electrónicos con oficinas de turismo, hoteles..., me traen el contacto humano que hace que ese momento del viaje empiece a ser realmente emocionante.

Sigulda, Cesis, Krimulda, Kúldiga y otros tantos destinos a los que sólo por la sonoridad y poder sugerente de sus nombres quiero ir, han sido tantas veces imaginados que, en los días previos al viaje, recuerdo con autosatisfacción los inicios de preparación del viaje.

Mercado Central de Riga
Iberia Express nos lleva a Riga desde Madrid. El vuelo sale a la 1:00 de la madrugada. Aterrizamos a las 6:00 hora local. Tras consumir una gran taza de café - aquí hay que pedir un expresso si se quiere un café solo como tomamos en España; un café, es gran tazón de café - el autobús 22 nos lleva al centro desde el aeropuerto. Pronto empezamos nuestro recorrido por la ciudad. Hemos elegido para esta temprana hora la visita al Mercado Central, situado junto al río, la estación de trenes y de autobuses, y que comienza su actividad organizando los numerosos puestos de carne, productos lácteos, frutas y verduras, flores..., situados en los que fueron cinco enormes hangares de una flota de dirigibles.

Frutos del bosque
En el Mercado Central
El afán de fotografiar lo distinto y peculiar de cada lugar, choca en algún momento con el rechazo de quienes están haciendo su trabajo y se sienten exótico objeto de la curiosidad del turista, pese a haber pedido permiso. A partir de aquí, el pudor o el respeto me impedirán fotografiar ese madrugador paisaje humano que se agolpa en las paradas del tranvía o a estas ancianas que barren las calles como forma de conseguir un subsidio que ayude en su precaria situación económica. El paso a la economía capitalista ha tenido un alto precio en grandes sectores de la población privados del amparo de PAPA ESTADO y las desigualdades se ven en la calle.

Vista desde la torre de San Pedro
Mientras llega la hora de apertura de los edificios y museos más notables, recorremos el río Daugava  y sus puentes en una nubosa mañana, fotografiando el perfil de la ciudad que más tarde veremos desde la torre de la Iglesia de San Pedro.

Llegados al casco antiguo, descubrimos que en estas fechas Riga celebra sus fiestas y en  este año giran en torno a la conmemoración del 730º aniversario de su incorporación a la liga Hanseática en 1282.

Iglesia de San Juan
Este centro, en el que encontramos monumentos como la Iglesia se San Juan, cuyo origen se remonta a la fundación de Riga en 1201 cuando el obispo alemán  Albert de Buxhoeveden levantó el primer fuerte germánico desde el que iniciar una cruzada-conquista sobre los pueblos paganos del norte, se ha convertido en un gran mercado medieval que invade las calles con artesanía de los países bálticos. Acompañados por caballeros, damas y artesanos, como hemos visto en otros mercados de nuestro país,  vamos recorriendo sus calles a la búsqueda de edificios destacados, como la Iglesia de San Pedro, el castillo, la catedral y su órgano , la casa de los Cabezas Negras, el Pequeño y Gran Gremio, numerosas  iglesias y almacenes medievales...y sintiendo que formamos parte de una idéntica forma de celebrar la antigüedad. En la plaza del Ayuntamiento está instalado un escenario en el que a lo largo de todo el día se suceden actuaciones de folclore, música antigua y orquestal, coros, mimo... y donde nos detenemos cada vez que pasamos pues aquí sí está la diferencia y la belleza.

Monumento a la Libertad
Junto a este escenario se halla el Museo  de la Ocupación en el que se expone el desgarro que supuso la época iniciada en 1939, en la que tras haber alcanzado la independencia de la Rusia zarista al final de la 1ª GM, volvieron a caer bajo poder soviético, sufriendo miles de deportaciones a Siberia, que serían seguidas por la ocupación nazi entre 1941 y 1944, ocupación que se vivió en principio como liberadora y en la que perecieron miles de judíos. La victoria de la URSS en la 2ª GM continuo las deportaciones y todos los cambios vividos por los países ocupados.

Salgo de este museo con la sensación de que estos horrores tuvieron que ser mucho peores que nuestra guerra civil, pues aquí confluyeron todas las humillaciones, abusos, venganzas, delaciones y crueldad de esa época.

En el escenario continúan las actuaciones y desfiles de grupos folclóricos, aquí y allá conciertos de órgano, desfiles de motos y coches antiguos, acrobacias aéreas... La población de esta ciudad llena las calles en su fiesta y me complace mezclarme y sentir que no somos riadas de turistas los que invadimos una ciudad museo. Terrazas cubiertas por parasoles cubren las plazas y no consigo hacer fotos de este casco antiguo que reflejen una idea preconcebida de ciudad que quizá corresponda a los momentos de bajón turístico. No he venido en invierno. Es verano y estos países viven la calle con auténtico frenesí en esta estación.

Experimento durante este fin de semana ese cambio generacional que supone dejar relajadamente en manos de mi hijo la labor de intérprete, comprobando, al mismo tiempo, que en esta ciudad se admite el inglés sin ningún rechazo, como ocurre, en cambio, en Rusia.

Edificio en la calle Kalcienma
En estos dos días hemos ido más allá del casco antiguo. Cruzando el río nos hemos dirigido a Pardaugava, en la orilla izquierda del río, zona con abundantes casas de madera principalmente en torno a la calle Kalnciema, donde en el siglo XVII se asentaba Agenskalns, suburbio con casas de madera que en caso de guerra podría ser  quemado  lo que obstaculizaría el paso del enemigo hacia las murallas de la ciudad. Estas calles están vacías. La vida en este fin de semana está en el centro al que la gente acude con los medios de transporte gratuitos por ser fiestas.
Detalle de fachada Art Nouveau

Saliendo hacia el Este del casco antiguo, flanqueado por el canal ajardinado donde estuviera la muralla y tres grandes parques, escenario estos días de conciertos y juegos, hemos recorrido las amplias avenidas y calles donde se concentran los más representativos edificios ART NOUVEAU por los que Riga consiguió ser nombrada Ciudad Patrimonio de la Humanidad y que corresponden a un periodo optimista y de florecimiento económico. Este movimiento se convirtió en uno de los signos de identidad que contribuyeron a forjar la corriente nacionalista que finalmente daría a Letonia su independencia tras la 1ª GM. La equidad social no se ha conseguido jamás y en toda época estos pisos han sido habitados por las clases pudientes: diputados, ministros, embajadores...

Mi última foto en Riga
Nos sorprende ver el tendido eléctrico de estas calles carentes de farolas y sustituidas por sencillas lámparas centrales. No veremos esa iluminación nocturna. Hemos destinado dos días a Riga. Como a toda ciudad, podríamos haberle dedicado más tiempo, pero es nuestra elección y en esta última noche, al igual que en mi ciudad, acudimos en masa hacia los puentes desde donde contemplaremos la exhibición de fuegos artificiales con la que nos despedimos de ella, encantados del trato con su gente y animados a seguir continuando el viaje.






Información sobre arquitectura en madera:
 
Ruta autobús 22 desde el aeropuerto y viceversa:

Conciertos órgano en la catedral: